Relatos eroticos aroma orgasmo

El aroma del orgasmo. Relatos eróticos 40

Relatos eróticos 40   Era un placer coincidir con él en el ascensor y últimamente, no sucedía por casualidad. De ello se encargaba mi inconsciente que hacía lo posible para provocar nuestro encuentro, rozando la locura de la obsesión. Sabía a qué hora llegaba por la mañana, a qué hora bajaba a tomar el café…

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Sapiosexual o el antídoto del guaperas. Relatos eróticos 39

Estoy hambrienta y no me niego, al contrario. Él me solicita el tenedor y con delicadeza recoge un pedazo carnoso. Unas palabras acertadas y una sonrisa sincera son suficientes para abrirme entera. Me lo ofrece manteniéndolo en el aire pero el pulso me tiembla y se me cae. Estoy nerviosa, la servilleta resbala por mi falda y desaparezco bajo la mesa para atraparla. Jos viste tejanos claros ajustados, es de los que se sienta con las piernas muy separadas y observo su secreto tan bien guardado. Cuando me incorporo, me noto ruborizada por el esfuerzo y el alago.

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La perversión de Príapo. Relatos eróticos 38

Él entró primero para cerciorarse de que no hubiera nadie, pero ella entró pisándole los talones, lo empotró contra la pila de los expedientes y lo morreó hasta dejarlo sin respiración. Él le abrió la camisa sacando unos pechos blancos y voluptuosos que estrujó con las manos como si quisiera sacar leche de las ubres. La muy guarra se había quitado antes el sujetador y seguro que también las bragas. Empezó a gemir ante las succiones que mi amo le daba a aquellos tetones mientras a mí me presionaba con un pubis puntiagudo insinuándome la raja donde pronto iba a sumergirme. Se me hacía la boca agua y no pude contener un incipiente goteo. Entre los dos me desnudaron y salí encabritada, acertando de pleno en un minguino húmedo y…

Relatos eróticos sábado

Sábado, sabadete… en versión madura. Relatos eróticos 33

Sábado, al que ya algún marchoso de “La Vie en Rouge” se encargó de marcar en el calendario como el día de la semana idóneo para estrenar y follar; aceptado para rasgar unas medias nuevas y para perder la virginidad en el primer bar, el norte en el segundo y el decoro en el tercero, para llevarse el arrepentimiento a rastras y soportarlo junto con la resaca del domingo.
Pero esa época de la adolescencia cruda y dura había quedado rezagada y superada, y con ella la necesidad de escoger pantis o medias ¿Para qué? Más práctico resultaba salir ligera de equipaje propiciando un cunnilingus del dedo gordo del pie bajo la mesa o una disimulada masturbación en la cola del cine… ¡Cómo habían cambiado los tiempos!