Erotismo entre rejas. Último relato erótico 2016

 

Un jueves más. Cada uno ocupando su lugar. La camarera tras la barra. Al otro lado, dos asiduos con la mirada perdida entre el aguado dorado del whisky y las ansias de resarcir tanto tiempo de erotismo en barbecho. A distancia, individuos de sexo incierto revoloteando sobre tacones de vértigo y lencería encubierta sin decidirse entre mirar o tocar. Todavía era temprano para ello… Jaula erótica

Ajena a todos, la mujer de la limpieza deambulaba discreta entre las sofisticadas dependencias, todas con mobiliario difícil de describir y todavía más de acceder. Había sido bailarina de profesión pero una lesión en el tobillo la había incapacitado de por vida. Bailar era lo único que sabía hacer y durante años se las había apañado con lo ahorrado y con algunas clases de danza hasta que la ambición de una joven que había tenido como alumna, la desbancó: ley de vida…
No le quedó más remedio que claudicar y aceptar desempeñar una de las profesiones más viejas. Así se lo planteó la chica de la agencia de ocupación, sin tapujos, clara y directa.
-A su edad y sin currículum, no le queda otra…- Y sin más preámbulos le entregó un listado de anuncios por si alguno le resultaba de interés.
Empezó a leer con atención cada propuesta pero a medida que avanzaba percibía como todo su ser se sublevaba. No podía permitir que su talento se desperdiciara por un traspié en el camino y se negaba a ejercer en cualquier lugar. Era una mujer curiosa y espabilada y tras revisar las fechas de los anuncios se fijó en el que llevaba más tiempo vacante: “Se necesita mujer para limpiar local pequeño en horario de 18 a 22 horas. Sueldo de jornada completa. Se requiere discreción y firmar documento de confidencialidad”.
Fuera lo que fuera, le pareció un precio más que justo a cambio de mantener los ojos y la boca cerrada. Estaba acostumbrada a vivir bien y no tenía intención de rehusar a ello.

El primer día que entró en aquel local encubierto de sensualidad controlada y respetuosa, la mente se le abrió a un mundo que ni la familia ni las amistades le habían informado de su existencia. Los primeros días no osó mirar y se encasquetó los auriculares de música a todo volumen para no oír. Sin embargo, una tarde se quedó sin batería y los sentidos le quedaron al desnudo. Fue en su habitación preferida, toda de negro con una luz tenue iluminando una enorme cama roja sobre la que en aquel momento había tres siluetas comiéndose. Discretamente, ella se dirigió hacia la jaula que colgaba en el lado opuesto del recinto y cuando el trío empezó a suspirar, ella fue frotando barrote tras barrote, limpiándolos a conciencia. Los gemidos le anunciaron que el acto del trío estaba en su punto álgido y ella le dio más brío al trapo, agarrándose a los barrotes para darles lustro con un friegue pélvico “in crescendo”. Cuando los tres acabaron exhaustos y satisfechos sobre el rojo de la cama, ella abrió la portezuela de la jaula y penetró en el angosto espacio, sentándose en el interior. Aunque lo había intentado, no había producto químico que pudiera con el penetrante aroma del sexo que aspiró profundamente… Allí, esperó encerrada hasta que el terceto desalojó la habitación, indiferentes a su presencia. Solo entonces acabó la faena a la vez que decidió que había llegado el momento de acabar con aquella música latina que sonaba jueves tras jueves desvirgada de pasión de tanto sonar.
Al salir de la habitación, nadie se fijó en ella. No era más que la mujer de la limpieza, una figura ajena al juego que allí se buscaba. A ninguno de los presentes se le hubiera ocurrido pagar la entrada para perder el tiempo con ella, ni tampoco para descubrir que bailaba de maravilla y que bajo aquella ropa de trabajo sosa y desprovista de glamur se escondía un cuerpo caliente, sensual, capaz de generar pasiones. Se detuvo en el umbral y los observó durante unos instantes. Demasiado atareados deseando satisfacer unas necesidades incomprendidas, una verdad oculta en un mundo donde el roll de género lo marcaba una sociedad poco flexible.
Erotismo enrejadoNi a la camarera le importó que accediera al equipo de música al otro lado de la barra y que metiera una USB en la ranura. Ni tampoco se dio cuenta de su transformación hasta que unos marcados acordes de sonido electrónico rompieron la niebla clandestina del humo de tabaco prohibido.
Cuatro segundos tardó en despojarse de la insípida bata blanca y mostrar su cuerpo enfundado en un corsé rojo que le moldeaba el generoso pecho. Un segundo le llevó retirarse la cofia de red y permitir la caída vertiginosa de una abundante cabellera oscura al encuentro de su cuello, hombros y escotes desnudos. Un minuto destinó a observar la sorpresa de los que la rodeaban consiguiendo que dejaran en “stan by” sus obsesiones, sus letargos sexuales, sus ilusiones frustradas. Dos minutos necesitó para salir de la barra atizando con una vara por donde pasaba, abriéndose camino y dejando rastro.
Y ya fuera de la barra, con todo el séquito tras ella, la morenaza tanto tiempo en letargo hizo un gesto con la mirada a la camarera y esa subió el volumen del aparato. La edad desapareció de su rostro. Los ojos brillantes, el cutis resplandeciente y como sacudido por un resorte, uno de los presentes se adelantó hacia ella con las manos en la cintura, ofreciéndole un falso busto erguido, la cabeza alta y la mirada sincera delatándole lo que era y lo que no deseaba ser, lo que anhelaba pero no podía manifestar más que en aquel reducido hogar. Un fluido cargado de extraordinaria sensualidad comenzó a brotar a chorros de los cuerpos presentes mientras los pies taconeaban siguiéndole los pasos, arrastrados por un galope sin límites donde la sensualidad, la pasión, la vida, la muerte, el odio y el amor se confundían en una metamorfosis.
Al igual que el flautista de Hamelín, todos la siguieron hasta la habitación dónde serían bendecidos…

4 comentarios de “Erotismo entre rejas. Último relato erótico 2016

  1. Me ha encantado!!!! Las pasiones escondidas es mejor dejarlas volar sin preocuparse de los demás, a veces nos traen sorpresas inesperadas.

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