Jaque mate al orgasmo nocturno: la metamorfosis de un cáncer de mama

Jaque mate al orgasmo nocturno cancer de mama¿Por qué escogí el género erótico para escribir la novela? Pues para crear controversia, para poner a prueba una sociedad que en nuestro siglo todavía considera el erotismo como un tema tabú. Para crear un revulsivo y comprobar la reacción de la gente. Para dar rienda suelta a una enorme incongruencia ¿Cómo es posible que siendo el erotismo una fuente de energía y de bienestar saludable y natural, un hábito necesario en nuestra vida, nos sigamos avergonzando al hablar de él?

No resulta sencillo hablar en voz alta sobre el Cáncer de mama y a la vez relacionarlo con la erótica, es más, probablemente más de uno seguro opinará que es un tanto atrevido, hasta quizás descarado. Sin embargo, es mi realidad y Jaque mate al orgasmo nocturno y yo somos el vivo ejemplo.

Como os podéis imaginar por el título, Jaque mate al orgasmo nocturno no es un libro de autoayuda, al menos desde el punto de vista convencional al que estamos acostumbrados, entre otros motivos porque no se habla en absoluto del Cáncer. Sin embargo, ha sido escrito por una mujer que lo sufrió en primera persona, una mujer que está convencida de que si hubiera dado la espalda a la erótica, de que si no hubiera dado la opción a su cuerpo maltrecho de seguir recibiendo y dando placer,  su recuperación física y psicológica hubiera sido mucho más lenta y por descontado, triste.

Nadie es inmune a casi nada y todos somos candidatos a sufrir desgracias pero cuando esta te llega en formato individualizado, te apalea de pleno. El mundo adquiere otro concepto, la luz se torna en opaca y las palabras acribillan el cerebro como un martillo pneumático. Intentas taparte los oídos pero no sirve de nada. Sencillamente, hay noticias que deben asumirse lo antes posible…

“Hay un extenso cúmulo de microcalcificaciones amorfas y heterogéneas en el cuadrante infero-interno de la mama derecha que han aumentado de extensión con respecto a las previas de mayo de 2007. Conclusión: microcalcificaciones heterogéneas que aconsejo analizar histológicamente”.

Este era el diagnóstico que el 28 de marzo de 2008 la ginecóloga me leía a raíz de la última mamografía. No había pasado ni un año desde la anterior y sin embargo, los resultados habían sido drásticamente diferentes. Es “la ventaja” de tener unos pechos muy fibrosos, unos antecedentes maternos de extracción de fibromas y una mutua privada: las revisiones son más frecuentes y la probabilidad de detección precoz aumenta.

Todo fue tan rápido que tardé en darme cuenta de la gravedad del diagnóstico, interpretando las insistentes llamadas telefónicas de la ginecóloga como un acto de eficacia y en absoluto de  preocupación pues en un par de días me practicaban la biopsia en la mama derecha: PIM, PAM.

Recuerdo que amorrada a la máquina no dejaba de contemplarme el pecho. Estaba  exactamente igual que siempre y sin envidiarle nada al izquierdo. A pesar de los 42 años, muscular en el gimnasio los había mantenido redondos y altivos y estaba orgullosa de los dos… Pero, a veces, las apariencias engañan y el resultado de las pruebas fue contundente: “Cilindros de mama con dos focos de carcinoma intraductal y presencia de microcalcificaciones”.

La palabra “carcinoma” es bien fea y no presagia nada bueno, y así fue. Una vez más, la ginecóloga se esforzó en quitarle importancia porque el tumor no estaba muy avanzado y eso iba a nuestro favor.

—Dado que está focalizado en el cuadrante infero-interno, la extracción de tejido será mínima y el perfil del pecho ni se alterará— me contaba echando mano de nuevo al teléfono.

En menos de una semana, me encontré en una lujosa habitación de una de las clínicas privadas más prestigiosas de la capital catalana: PIM, PAM.

No diré nombres ni apellidos ni del establecimiento ni del equipo de cirujanos que me trató, aunque sí confesaré que allí empezó mi calvario. Sencillamente, la pifiaron al priorizar la estética vs la fiabilidad. La cuadrantectomia no duró más de dos horas y al día siguiente, después de retirarme el drenaje, comí y me fui a casa con un discreto envoltorio protegiendo el prudente corte: PIM PAM. En un abrir y cerrar de ojos, y nunca mejor dicho, me había quitado un “peso maligno” de encima. Bueno, solo faltaba el informe anatomopatológico…

Las semanas siguientes padecí un verdadero cruce de navajas entre informes contradictorios de carcinoma “in situ” y carcinoma “invasivo”. Los profesionales no se ponían de acuerdo y finalmente el diagnóstico definitivo manifestó lo peor: “carcinoma intraductal de mama” in situ “con un tumor de 6 mm más múltiples focos microscópicos con un grado histológico de Van Nuys alto y con márgenes quirúrgicos de resección a menos de 1 mm, margen profundo y margen interno” ¡Madre mía! Resumiendo, que la intervención no había servido de nada, el tiempo pasaba y la enfermedad avanzaba. Y ahora, ¿qué?

Pues decidí no seguir en la privada. Había oído hablar de la unidad de Oncología en el hospital Vall d’Hebron de Barcelona y recordaba haber conocido al padre del presidente del Comité científico de l’Institut d’Oncologia del Vall d’Hebron (VHIO) en unas jornadas profesionales. “Quien no llora no mama”, decía la abuela, y yo no me detuve hasta lograr contactar con él y contarle mi caso. Aunque era finales de julio, el director adjunto me atendió personalmente. Es un hombre hablador, dicharachero y con una energía positiva brutal, y como si me estuviera explicando la mejor jugada de un partido, de su boca fue saliendo la peor noticia que nunca había escuchado:

-Carmen, vamos a tener que extirparte el pecho y para curarnos en salud, haremos unas sesiones de quimioterapia. Te

Jaque mate al orgasmo nocturno. Cancer de mama

Pintura de José Manuel Fuentes Fernández para mi relato “Despertar”
publicado en el libro VIVIR (GIAFyS).
http://www.giafys.es/component/content/article/14-sample-data-articles/116-vivir

caerá el cabello y sufrirás algunas molestias pero, por descontado, la reconstrucción mamaria será inmediata con la incorporación de un expansor…PIM PAM…, PUM.

Dicho y hecho. El 1 de agosto perdía el pecho derecho, una mastectomía con exéresis de ganglio centinela y reconstrucción inmediata con expansor, y el 16 de septiembre, tras la segunda sesión de quimio, mi larga melena iba desapareciendo con solo acariciarla, por no hablar de la pérdida de las cejas y pestañas, los ojos llorosos, las uñas negras, las mucosas irritadas…

No sé muy bien qué noche en el hospital me prometí que si superaba aquel martirio escribiría un libro. Tanto era el dolor del expansor bajo los músculos serrato y deltoides, obligados a dejar espacio a aquel artefacto, que quizás en aquellos momentos agonicé y no sabía lo que me decía. Sin embargo, en la memoria quedó mi promesa, aunque sí puedo asegurar que en ningún momento fui consciente de que acabaría creando un thriller erótico.

Es increíble como la falta de cabello y de pelo cambia la fisonomía. Y si le sumamos las molestias del expansor más los efectos devastadores de la quimio, había momentos en que no reconocía mi propio cuerpo. Sencillamente, no le entendía, ni él a mí. Pero soy coqueta, “cuqui”, tal como se dice ahora. Siempre me he preocupado por mantener la imagen y el intelecto en buen estado y la pérdida de feminidad, un puesto de coordinadora en el trabajo y la autoestima no entraban en mis planes. Sin embargo, fue el rostro de mi pareja, con quien llevaba 16 años compartiendo amor y complicidad, el que me alertó de que de ninguna manera podía dejarme vencer por aquel genocidio. No me quitaba ojo y yo disimulaba para tranquilizarlo. Tenía que ser fuerte por él, por mí, por los dos, pues comprobé que si él estaba bien, la recuperación me resultaba más fácil. Solo necesitaba poner en práctica un plan B que me permitiera mantener viva la sensualidad y la inestimable llama del deseo. No era fácil conseguirlo en mi estado y por ello decidí apostar por un establecimiento de estilismo sensible y serio. Allí, mi primera sorpresa fue toparme con un cráneo liso que le daba un protagonismo punzante a mis ojos tristones y llorosos, pero ansiosos a la vez. Era una opción interesante mas el impacto entre la larga melena perdida y la cabeza rapada resultaba brusco. Descarté los pañuelos y las gorras por motivos de pura coquetería y me centré en las pelucas.

Al principio, con la idea de recuperar la imagen perdida fui a por las de melena larga, oscura y ondulada. Sin embargo, cuando vi el extenso y variado  abanico de opciones, las descarté. Era básico cambiar de look, distraerle, impedir que me comparara con lo que había sido y que quizás nunca recuperaría. Y con este objetivo escogí una de tono caoba, lisa y con un corte tipo Cleopatra. Al reflejarme en el espejo, casi me olvidé del látigo de la enfermedad y cuando llegué a casa me di cuenta de que había acertado de pleno. Fue el primer día en que volvimos a hacer el amor después de casi dos meses durante los que ni el uno ni el otro se había atrevido, cada uno por diferentes motivos. Fue un encuentro de dos cuerpos que necesitaban volver a sentir el calor y el cariño, que se acercaron con mucha cautela, con la vaselina como elemento indispensable y las lágrimas de deseo y de esperanza brotando durante el acto…

Respiré aliviada al terminar la última sesión de quimio pero, ¡qué equivocada estaba! Los efectos secundarios del Tamoxifeno en el útero y del vaciado de ganglios axilares tenían mucho que decir y no dudaron en tomar protagonismo. Mi cuerpo no pudo resistirse ni a las secuelas de la química ni a la tentación del linfedema y durante los cuatro años siguientes fui alternando el paso por el quirófano para extirpar, vaciar o hacer una ablación endomètrica, con las sesiones de presoterapia neumática en el brazo derecho ¡Incluso fui una de las primeras mujeres en ser infiltrada con Bótox!, aunque nada que ver con lo que os imagináis.  Ya advertí al neurólogo de que era una lástima tal desperdicio pero no me hizo caso y ante mi frustración me infiltró la botella entera del “milagro americano” en el bíceps con el objetivo de relajarlo, pues su tendencia desde hacía algunos meses era quedar encogido. Malograda toxina botulímica que me hubiera ayudado a relajar arrugas faciales de más necesidad, pues el efecto no fue en absoluto el esperado…

Una mañana cualquiera salí de la ducha, como siempre hacía, y mientras me secaba con la toalla el espejo insistió en revelarme lo que día a día me costaba aceptar. Todo estaba muy tierno todavía, demasiado. Tres agresiones quirúrgicas no me habían dado tregua y los meses de inactividad habían debilitado la musculatura, aunque la peor parte se la había llevado el pecho derecho, por supuesto. Con nostalgia recordé los buenos tiempos en que junto a su homónimo habían conquistado deseos y lujurias. Ahora, parecía una colina yerma, surcada por una grieta profunda y dolorosa que reivindicaba protagonismo a gritos. Me sentía en deuda con él y decidí que había llegado el momento. Cogí una cajita del cajón, la abrí y extraje un pezón de silicona. Parecía de verdad, con una generosa areola ligeramente rugosa y un tamaño acorde con la del difunto. Lo coloqué en el centro de la inerte mama postiza y como por arte de magia la convirtió en un pecho completo. Hechizado por el cambio, el resto del cuerpo pidió equidad. Era justo y seguí el rastro de las gotas de agua que me cosquilleaban el abdomen y que a falta de vello púbico, continuaron su camino deslizándose a lo largo de unas piernas largas, ahora demasiado delgadas por el peso perdido. Y entonces, me di cuenta de que los efectos del holocausto no los podía eliminar, pero sí intentar reconstruir y paliar. Seguía echando de menos mi larga melena pero el cabello empezaba a salir fuerte e inesperadamente me imaginé tintada de rubio platino, con pantalones pitillo marcando las pocas curvas que me quedaban, con un jersey de cuello alto de doble vuelta y tacones de infarto ¡Qué frivolidad preocuparme por esas banalidades!, pero lo cierto era que me resultaba imperioso compensar la deteriorada autoestima y no se me ocurría mejor manera que recuperando la feminidad y la atracción de los que me habían dejado de mirar.

No quería demorar la puesta a prueba y tan pronto el cirujano mamario me dio permiso, entré en la clase de spinning de rubio platino y con el pezón artificial ajustándose a la perfección bajo la ceñida camiseta de licra. Escogí una bicicleta delante del único espejo de la sala, por si algo se descontrolaba, la regulé y la monté. A mi lado, un hombre de unos cincuenta años preparaba la bicicleta contigua. Tenía un perfil agradable y vestía un conjunto muy ceñido que le insinuaba una entrepierna generosa y yo, que había permanecido demasiado tiempo “fuera de circulación”, fui poco prudente con la mirada. Él se dio cuenta y al ser descubierta noté el cosquilleo en el estómago provocado por un extraño.

Nada más empezar la sesión, su olor corporal y sus descaradas miradas me hicieron latir el corazón como si fuera su último aliento. Yo disimulaba y lo observaba por el rabillo del ojo, absorta en el movimiento de su pedaleo al que sin poderlo evitar me acoplaba. No estaba preparada para esa condena. Tanta carga emocional requería de una dosis de seguridad y de autoestima de la que aun no disponía. Cuando la sesión terminó, el sudor me resbalaba por el escote y me pasé la toalla para secarlo. Él se me acercó y me susurró al oído:

-Tienes unos pechos preciosos. Hasta mañana, princesa.

Hacía tanto tiempo que no me sentía deseada por un extraño…

Fue en este momento cuando decidí que había llegado el momento de escribir el libro prometido. Ir al gimnasio se convirtió en una especie de musa. No me importaba el tipo de ejercicio que se realizara en la sala ni a quién me encontrara, solo necesitaba un espejo para observar mi cuerpo y al del resto, dejarme llevar por la música y la imaginación.

Inducida por una lectura de adolescente, Deu pometes té el pomer de la colección Sonrisa vertical de la editorial Tusquets, empecé con la idea de contar diez cuentos eróticos. Había leído el libro en segundo de BUP a sugerencia de nuestra profesora de civismo (alternativa a la religión en aquellos tiempos) y fue una revolución total para nuestro cuerpo hormonalmente desmadrado. Pero a medida que escribía, me daba cuenta de que la protagonista siempre era la misma y de que si le proporcionaba una trama podía convertirlos en una novela. La idea me sedujo, aunque no salió a la primera. Afortunadamente, mi prolífera imaginación salió en mi ayuda, atenuando  los rasgos más duros de mujer de ciencias y creando sinergias entre mi promesa y el deseo de cumplirla dando como fruto a: Jaque mate al orgasmo nocturno, un thriller erótico donde se mezclan las dudas de una mujer sumergida en un mundo de hombres. Los más importantes en  su vida le han fallado y decide utilizar el género masculino para alcanzar poder e independencia y para conseguirlo no duda en ponerse en peligro. Miente y adopta perfiles estudiados para entrar en una sociedad secretista, siendo testigo de actos que nunca se hubiera imaginado que existieran en la realidad.

Jaque mate al orgasmo nocturno es una muestra poco ortodoxa de que hay muchas formas de salir adelante. A menudo, la vida es poco amable pero debe afrontarse porque hay segundas y terceras oportunidades. Yo voy a por mi tercera oportunidad en la vida real y a por una segunda novela. Y Jaque mate al orgasmo nocturno se solidariza con el Cáncer de mama destinando la recaudación de su venta a la investigación de la enfermedad que lleva a cabo el Instituto de Oncología del  Vall d’Hebron (VHIO).

13 comentarios de “Jaque mate al orgasmo nocturno: la metamorfosis de un cáncer de mama

  1. Carme,

    Tu entereza y tu fuerza de superación frente unas vicisitudes muy complicadas que te ha ofrecido la vida son admirables.

    Te propusiste escribir un libro, y lo hiciste.
    Te propusiste seguir siendo una mujer sensual, atractiva, cuando muchos se hubieran hundido, y lo hiciste.

    Felicidades por tu lucha, por y nos felicitamos que nos deleites con tus palabras…

    Petons bonica

    • ¿Qué puedo decir que no sepas, Feri?
      Fuiste el primero en pedirme que te enviara relatos cuando no eran más que garabatos y tus comentarios me subían la autoestima y algo más. Sinceramente, me ayudaste a creer en mí y te lo agradezco.
      La lucha y el deleite siguen, con o sin palabras…

      Un petó

    • Jordina, preparem una trobada amb totes una nit a Barna i fem una trobada amb l’atrezzo que cal… Tots els llibres que he venut estan dedicats i a partir d’ara els guanys van destinats a la investigació del Càncer de mama. Busquem lloc, data i hora, Ja!!

  2. Real i colpidor a l’hora. La teva valentia es exemple per qualsevol i la teva sensualitat es fa palesa a cada passa que fas….. un petó d’absoluta estima i admiració.

    • Paraules boniques per a moments difícils, Pep.
      Les passes no són fermes, més aviat el gatejar d’un nadó que intenta trobar la mà que l’ajudi a aixecar-se del terra. I la sensualitat, un miratge que res té a veure amb l’ànima que amaga…

  3. Después de leer este espectacular post, concluyes que el poder de la mente de las personas es la mejor química, sin ninguna duda tu estructura geográfica de tu mapa sinaptico en tus conexiones neuronales son brutalmente solidas, sabes que eres, como eres, donde estas y lo que quieres,… llegar a ese nivel solo es propio de una demostrada madurez reflejada en tu forma de destilar con tus letras, felicidades por ser, por existir y sentir como sientes.

  4. Como es usual en ti, Josep, tus comentarios me obligan a ir más allá de la mera interpretación.
    Cierto, la mente es el poder que nos manda y nos dirige. Es nuestra absoluta ama y a menudo me siento esclava de ella porque, entre otras cosas, percibo que vive en un cuerpo que le estorba por la cantidad de problemas que le genera y le impide alcanzar la felicidad.
    A veces conocerse tan bien es más un tedio que una ventaja, Josep, y en el género femenino, ser poco madura tiene sus ventajas: es más fácil ser feliz… Gracias por estos momentos de reflexión. Me ayudan.

    • Carme, ignoramos si la felicidad existe sin el cuerpo, no creo que podamos acceder a ese parámetro, lo que si sabemos que debemos aprovechar el tiempo en que estamos inmersos en esta locura y muchas veces aun siendo una sinrazón que le llamamos vida, Carme, siempre hay incentivos para seguir, un simple amanecer, una sonrisa, bañarse desnudo en el mar, una caricia, mil conceptos y por supuesto seguiremos experimentando la VIDA en mayúsculas, ánimos y adelante, artistaza.

      • Por descontado, Josep. Los incentivos están todos a nuestro alcance, tan solo es cuestión de ser permeables y absorberlos. En este mundo, la felicidad es efímera y deberíamos ser capaces de aprovechar los breves instantes en los que se nos ofrece. Sin embargo, no siempre somos lo conseguimos, a menudo por una enajenación mental difícil de justificar que lo único que nos ofrece es dejar pasar verdaderas ocasiones de placer y de bienestar. Seguimos, Josep, seguimos. Gracias por tu apoyo incondicional

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