Relatos eroticos deseo querido

Querido deseo bipolar. Erótica en relato 43

Suspiro por formar parte de cada gesto y ser violada por cada mirada. Temo el roce de los dedos buscando un leve contacto. Tiemblo al imaginar un beso que ya no sea casto. Fantaseo ese encuentro íntimo donde poder acariciar una piel de confianza, sentir las mejillas en la entrepierna temblar y la pérdida de consciencia desear. Cierro los ojos y recelo, pensando si debo dejarme beber el ansiado orgasmo de nuevo…

Hermafromicro

Hermafromicro. Relatos eróticos

  HERMAFROMICRO. Relatos eróticos 43 La palabra Hermafromicro como tal no existe. Por ello, en su día decidimos introducirla en el Diccionario del Erotismo como… Hermafromicro: Dícese del microrrelato escrito a medias entre un hombre, Archimaldito, y una rutilante mujer, Carme Barba, unidos por una conexión erótica virtual. Quizás lo de “rutilante” me parece excesivo…

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El aroma del orgasmo. Relatos eróticos 40

Relatos eróticos 40   Era un placer coincidir con él en el ascensor y últimamente, no sucedía por casualidad. De ello se encargaba mi inconsciente que hacía lo posible para provocar nuestro encuentro, rozando la locura de la obsesión. Sabía a qué hora llegaba por la mañana, a qué hora bajaba a tomar el café…

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Sapiosexual o el antídoto del guaperas. Relatos eróticos 39

Estoy hambrienta y no me niego, al contrario. Él me solicita el tenedor y con delicadeza recoge un pedazo carnoso. Unas palabras acertadas y una sonrisa sincera son suficientes para abrirme entera. Me lo ofrece manteniéndolo en el aire pero el pulso me tiembla y se me cae. Estoy nerviosa, la servilleta resbala por mi falda y desaparezco bajo la mesa para atraparla. Jos viste tejanos claros ajustados, es de los que se sienta con las piernas muy separadas y observo su secreto tan bien guardado. Cuando me incorporo, me noto ruborizada por el esfuerzo y el alago.

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La perversión de Príapo. Relatos eróticos 38

Él entró primero para cerciorarse de que no hubiera nadie, pero ella entró pisándole los talones, lo empotró contra la pila de los expedientes y lo morreó hasta dejarlo sin respiración. Él le abrió la camisa sacando unos pechos blancos y voluptuosos que estrujó con las manos como si quisiera sacar leche de las ubres. La muy guarra se había quitado antes el sujetador y seguro que también las bragas. Empezó a gemir ante las succiones que mi amo le daba a aquellos tetones mientras a mí me presionaba con un pubis puntiagudo insinuándome la raja donde pronto iba a sumergirme. Se me hacía la boca agua y no pude contener un incipiente goteo. Entre los dos me desnudaron y salí encabritada, acertando de pleno en un minguino húmedo y…