Asfixia erótica. Relatos eróticos 44

Relatos eróticos 44

 

Encontré a Beto concentrado, poniendo un carrete en la cámara réflex, con el albornoz sin abrochar y el pene campándole a sus anchas. Al oírme entrar, levantó la vista y parpadeó un par de veces.

— ¡Joder!, ¿Hay algo que te cubra allá abajo? ¡Estás cojonuda! Un atuendo de hombre. ¡Eres la ostia! —exclamó alterado.

Relatos eroticos asfixia eróticaVi la botella de whisky abierta y un vaso con hielo casi vacío. Sus gestos delataban que no era el primero y no desperdicié la ventaja. Me acerqué para llenárselo y servirme uno. Bebimos y nuestros labios húmedos quedaron cercanos. “Ojalá fueras Hugo, cabrón”, lamenté sorbiendo un trago.

— Cuando quieras, podemos empezar —le reté moviendo la melena y observándole a través del espejo.

 

Al ver que no se movía, le instigué un poco más.

— ¿Qué?, ¿No coges la cámara? ¿Acaso no te gusta lo que te ofrezco?

Como respuesta, se sentó en el sofá, espatarrado, tomando continuos tragos de whisky hasta que apuró todo el vaso.

— A ti, ¿qué te parece? —soltó abriendo el albornoz todavía más mostrándome un miembro ictifálico.

Su imagen me sacudió el aplomo, pero no estaba dispuesta a caer por segunda vez en las zarpas de aquel mal nacido y le di donde más le dolía.

— No me interesa tu cuerpo, Beto, sino tu objetivo —le respondí señalándole la cámara e intentado que mi voz sonara lo más despectiva posible.

Sin embargo, él se rió con sarcasmo y sin inmutarse por mi desdén, dejó el vaso en la mesita y cogió el equipo.

—Venga, nena, baila para mí y desnúdate para la cámara. Posa y hazle el amor —susurraba acompañando las palabras con gestos obscenos.

El tono de amo dominante y el impaciente pene rojo me estaban excitando y noté cómo empezaba a rendirme a los placeres carnales que a él tan bien se le daban. Necesitaba urgentemente un aliado y me acerqué a la barra de pole dance. Acaricié el pulido metal y simulé lamerlo. Al verme, Beto se sirvió más whisky, derramando la mitad del licor fuera del vaso. Había conseguido llamar su atención, aunque no lo suficiente. Arrimé la espalda a la barra y mientras bajaba con lentitud, doblando las piernas, con las manos fui subiéndome la camisa, descubriéndole el tanga, hasta quedar en cuclillas.

Las ráfagas de flashes destellaron y empecé a contonearme, abriéndome de piernas hasta insinuar los labios mayores por los bordes del tejido. El suave roce era seductor…

Las manos de Beto no daban abasto, tocándose los genitales y disparando con la cámara a la vez. Yo sentía la embriaguez del whisky en un cuerpo que pedía dar más espectáculo. Giré sobre las puntas de los zapatos y le di la espalda quedando con el culo rozando el suelo. La goma del tanga se me clavó en la raja, levanté la camisa, mordí los extremos para mantenerla en alto y me azoté las nalgas con las palmas como si estuviera atizando una potra.

—  ¡Bravo, bravo!¡ ¡Nena, cómo me pones! —exclamó levantándose del sofá y quitándose el albornoz.

Debía evitar verlo desnudo si no quería perder el horizonte pero su talismán fálico danzándole por el pecho acabó por hipnotizarme. Empecé a desabrocharme los botones de la camisa poco a poco. Sin embargo, cuando Beto comenzó a masturbarse acabé tirando de ellos, arrancándolos de cuajo.

La sesión se estaba descontrolando. Su pene estaba a punto de explotar y el rostro le evidenciaba el éxtasis inminente. Casi era incapaz de sujetar la cámara y yo aproveché ese momento de debilidad para quitarme la camisa, tirársela a la cabeza y agarrarle la polla, que empecé a manosear con un contundente vaivén. La sorpresa le impidió contenerse y se corrió jadeando y mojando la cámara que seguía en sus manos.

Complacida, le solté el manubrio desencajado y me serví otra copa. Desinhibida, retomé la barra y sujetándome con los pies dejé caer el cuerpo hacia atrás, con la cabellera colgando.

Boca abajo, vi que Beto se quitaba la camisa de la cabeza y volví a la carga acariciándome las copas del sujetador con ambas manos. Sin embargo, al observar cómo su rostro se encolerizaba me di cuenta de que algo no iba bien. Dejé de actuar, pero él fue más rápido.  Tambaleándose, se me acercó con agresividad blandiendo la cámara como si fuera un arma y mascullando palabras soeces y subidas de tono.

— ¡Ahora, vas a desnudarte para mí, puta! Nadie humilla a Beto, y menos una mujer. ¿Quién ostias te has creído que eres para degradarme sexualmente de esta forma? Voy a aprovecharme de tu cuerpo fotografiándote desnuda y jodiéndote hasta que no puedas más y me pidas perdón por haberte reído de mí.  Relatos-eroticos-asfixia-sexual

La crueldad en la mirada y las violentas palabras casi me hicieron resbalar por la barra de la que me incorporé, preparada para lo peor. Intenté recuperar la camisa para cubrirme pero no me lo permitió. Lanzó la cámara sobre el sofá y se abalanzó sobre mí. Me agarró uno de los tirantes del sujetador dejándome un pecho al descubierto. Intenté escapar, pero me cogió con fuerza del brazo, impidiéndomelo. Me hacía daño y chillé. Forcejeamos, hasta que consiguió inmovilizarme por la espalda.

—  ¡Qué buena estás, jodida! ¡Y cómo hueles a hembra! —me ronroneó al oído lamiéndome el cuello—.

— ¿Realmente pretendes que me crea que Beto no te gusta? —masculló con la boca pegada a mi piel mientras soltaba los cierres del sujetador.

Las cosas se ponían feas y grité, consciente de que la posibilidad de que alguien me oyera era más que remota.

— Te aseguro que cuando pruebes mi polla, sí vas a gritar de placer —me intimidó con voz ronca agarrándome del pelo.

Finalmente, el sujetador cayó y, tirando con más fuerza de la melena, me succionó los  pezones con brutalidad. Grité de nuevo, esta vez más fuerte y ante mi sorpresa, me soltó.

Respiré aliviada hasta que le vi coger la botella de whisky y, a morro, vaciar lo que quedaba en ella. Eructó, me miró con ojos vidriosos y con paso inseguro volvió a mi lado. Casi no se mantenía en pie. Se me agarró al cuello y me lo presionó con los pulgares. Parecían una soga y cada vez me costaba más respirar. Beto estaba fuera de sí y cuanto más me oprimía más se excitaba. Solo le faltaba un último apretón para que él llegara al orgasmo y yo me quedara sin aire. Las calaveras y los amuletos de sus pulseras parecían cobrar vida, rodeándome en una especie de danza macabra. Me resistía a perder la vida bajo una asfixia erótica y en un último esfuerzo le alcancé el pene clavándole las uñas con alevosía. Los alaridos me ensordecieron y la mente, falta de oxígeno, se me nubló. Todo lo que había alrededor quedó a oscuras y en silencio. Solo fui capaz de sentir el cosquilleo de un líquido viscoso resbalándome por las nalgas…

 

17 comentarios de “Asfixia erótica. Relatos eróticos 44

  1. Increible. El relato es excitante, intrigante, hace jadear al extremo, salpicado de los vaivenes de un desenlace que poco se puede prever en el comienzo, cuando como Beto sientes que todo se endurece al leerte.

    Línea a línea, palabra a palabra, cada punto, cada coma… es pura erótica, deseo y esencia.

    Tus letras son mejores cada día, tu sentimiento, tu cuerpo, lo que de tus manos crece a tu alrededor… también.

    Mis felicitaciones envueltas en puro deseo

    • Es un fragmento de la novela, “Jaque mate al orgasmo nocturno”, uno de esos que al escribirlo sentía como el sexo me quemaba y se me humedecía a la vez. Soy reacia al dolor para conseguir placer pero la trama fluía sola y le di libertad. Me alegro de tenerte de nuevo por aquí, Petrus, y de que haya sido de tu agrado literario y sexual…

  2. Hola Carme.
    Cuando he terminado de leer el relato, no he sido capaz de excitarme, y sabes que a menudo tus relatos lo consiguen.
    Pero no me malinterpretes, es un relato excelente y dentro del contexto de la novela, estoy segura que será estupendo, estoy impaciente por leerla. Tengo que felicitarte por tu don a la hora de escribir y redactar, cuando he terminado de leer el relato he sentido rabia y dolor, dos sentimientos difíciles de expresar y que el lector (en este caso jo) los sienta.
    Pero en la realidad, como mujer y buen amante, no acepto el sexo con dolor y humillación, detesto la crueldad y el despreció, son rasgos que no van con mi manera de actuar, aunque me considero una mujer explosiva y sexualmente potente……………….. también soy lo suficientemente fuerte, para controlar mi vagina y mi libido (mi mente tiene el poder), aquello de que cuando el deseo aprieta cualquier hombre es bueno, no !!! Me consoló con mi dildo.
    Creo que la asfixia erótica no entra en mis planes en el camino de seguir probando y innovando en el sexo.
    Siempre a tu lado bella dama, un abrazo sentido de admiración.
    Un petó.

    • La primera vez que leí algo sobre la asfixia erótica, Ester, me provocó una multitud de reacciones difíciles de explicar. Lo que sí puedo afirmar es que me atraparon lo suficiente como para necesitar escribir sobre ellas y de aquí este fragmento de la novela. A lo largo de estos dos años me he dado cuenta de la variopinto de las necesidades eróticas y como mujer abierta no voy a criticar a ninguna, al contrario, voy a intentar entenderlas.
      De aquí que no siempre nos sintamos identificados…
      Un petó

  3. Carme
    me ha gustado releer esta historia, aunque creo que nunca jugaría con asfixías, o temas similares. Comparto las palabras de Ester (un petó per tu).

    Nos trasladas a un mundo de deseo mediante las palabras. Sigue así.

    Petó, bonica.

  4. Llevas el relato a un punto sublime con ese toque sádico. Desde luego enganchas al lector@ que, de seguro, no queda indiferente ante tal despliegue. Una vez más, mis felicitaciones.

    • Un fragmento de la novela complejo, Antonio. Cuando se desconoce una sensación, meterse en ella conlleva despojarse de lo cotidiano, de lo habitual, para convertirse en alguien desconocido. Me alegra ver que la protagonista lo ha conseguido. Soy consciente de que “Jaque mate al orgasmo nocturno” es una novela de contrastes sociales, eróticos y sexuales. Gracias por estar aquí

  5. No em deixes de sorprendre, m’encanta aquest fragment, te un ritme trepidant, sexe en estat pur, quina locura, tot i no compartir en absolut el plaer a traves del dolor. Amb ganes de mes (nomes 10 dies per la revetlla i disfrutar-lo)

  6. La divinidad tiene nombre en tu pluma Carme, felicidades por tu incansable exploración en este universo que tanto placer nos proporciona a tod@s La mente al leer tu relato se sorprende y al re-leerlo varias veces ocurren otros efectos… impresionante, animalmente impresionante.

    • Causa-efecto, algo difícil de relacionar y de predecir, Pep. En cada texto me surgen dudas, ya que cada persona es un mundo temporal y espacial y, yo, la más compleja entre ellas. Tu comentario le da energía a mi pluma y combustible a mi mente, aunque soy incapaz de predecir hacia qué o a dónde desembocará. Espero que sea algo digno de leer, sentir y gozar. Gracias por rondar mi blog, Pep…

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