Excitación erótica sobre ruedas


Excitación sobre ruedas

Las 7.30 h. Como cada mañana, cruzas el portal de tu casa con paso firme y dispuesto a triunfar.  Llevas tu chaqueta preferida, esa que te ensancha los hombros, se ajusta a tu cintura y deja al descubierto tus zonas íntimas bajo el ceñido tejano. Sabes que ese conjunto las enloquece y los días que el termómetro lo permite, no dudas en aprovechar la ocasión.

Quitase el carenado de la rueda, te abrochas el casco, te pones los guantes y te sientas sobre el enorme sillín. Es justamente en este momento cuando recuerdas la fogosa protagonista de la novela que has empezado a leer. La has escogido por su tono subido y el capítulo de anoche te excitó. Deseabas hacer el amor pero, en casa, ella no estaba de humor y te quedaste acariciando tu duro miembro en la oscuridad.

Tus sueños han sido agitados y ahora, con el contacto del sillín, tu abstinencia te asalta. Intentas cambiar de posición los genitales pero están indomables y exaltados, y todo esfuerzo es en vano.

Pones la moto en marcha y el rugir del motor se transmite a tu capullo en forma de vibraciones, como si miles de dedos lo estuvieran toqueteando. Suspiras; casi gimes y rematas la faena al bajar el bordillo de la acera. El pene se te escapa del bóxer quedando a merced del friegue de la dura tela que a cada paso por los adoquines martirizan tu espera.

Disfrutas con las marchas cortas, revolucionando el motor y sintiendo crecer tu virilidad. En los semáforos, te sitúas en primera línea dispuesto a gozar de una buena arrancada para poner el motor a cien y tu sexo a mil. Te cuesta concentrarte en otra cosa que no sea imaginarte el miembro en el interior de una boca cálida y húmeda. Frenas en el cruce de avenidas y apoyas el pie derecho en el suelo. La presión en la entrepierna se convierte en algo insoportable “¡Cómo te estás poniendo!”

Una canción marchosa de moda y con mensaje de deseo oculto se escapa por el techo solar medio abierto del deportivo que se ha detenido en el carril contiguo. Miras en su interior: una morenaza con un ajustado jersey de cuello alto te deleita con unos pechos sugerentes. No lleva sujetador y el tono claro de la lana te permitía vislumbrar sus pezones. Tu excitación crece y con ella tu deseo, tantas horas reprimido. No te importa llegar tarde al trabajo, obsesionado con el tacto de aquellas tetas en tus manos.

Esperas a que el coche arranque y la sigues por la ronda litoral. Toma la segunda salida, entra en una gasolinera y se detiene en uno de los surtidores. Tú, te sitúas a una discreta distancia. La puerta del conductor se abre y aparecen dos largas piernas enfundadas en unos panty de fantasía. Los tacones altos se apoyan en el suelo y al salir su dueña una corta falda te aviva una imaginación alterada. Se dirige a la tienda y a cada paso su culo se contonea y sus pechos rebotan a cada paso. “¡Esa mujer es pura lujuria carnal!”.

Paga y vuelve al coche. Se pone unos guantes de plástico, coge la manguera del surtidor y mete la boquilla en el orificio del depósito. Se inclina hacia adelante con las tetas colgando y marcando las redondas nalgas. Deseas agarrarte a ellas y te quitas los  guantes de piel.

Notas como tu aguante se acerca al límite y corres hacia la tienda; sin saludar a la cajera entras en el lavabo cual forajido. Poco te ha faltado para no llegar a tiempo… Explotas rociando lo que se te pone en medio. Tus gemidos te delatan y al salir del baño la cajera dirige la mirada hacia tus partes íntimas, ahora ya aliviadas.

Sin embargo, tú sigues con sed de sexo y la imagen de la mujer de las piernas largas y las nalgas redondeadas te persigue y atosiga. La buscas pero el coche ha desaparecido. “¡Joder!”, exclamas enojado. “Con lo buena que estaba…”

Es entonces cuando ves el deportivo aparcado delante de la zona de aire y te acercas con decisión. Ni rastro de la explosiva fémina. Te inclinas sobre la ventanilla para mirar en el interior pues la frustración ya ha vencido la discreción. Es entonces, en esa posición de fisgón empedernido cuando notas la forma y el peso de unos pechos sobre tu espalda y un susurro cálido en la oreja de amenaza: “Ni se te ocurra volverlo a hacer sin mí”.

12 comentarios de “Excitación erótica sobre ruedas

  1. Una buena montura mecánica es excitante, tanto para el conductor como para el voyeur.
    Me encanta ver una mujer sobre una moto potente, con una ajustada chaqueta, y la excitación de descubrir ese rostro que el casco esconde. Rugirá ella como su moto?

    A partir de ahora miraré más a mi alrededor cuando encienda el motor de mi motocicleta.

    • Te leo, querido Feri, y me doy de bofetadas por haber vendido mi Yamaha 250. Aunque si guardo la chaqueta ajustada de piel negra y la cabellera va creciendo. No hay como lo oculto para tener el deseo de descubrirlo. La fantasía, cuando se hace realidad, se desvanece y, quizás, cuando finalmente aquella mujer se quite el casco, su moto seguirá rugiendo pero, ¿y tu motor?…

  2. Si tienes tu vieja chaqueta motera, casco y tu cabellera es óptima, que te lleven de paquete. Deleitarás a quien maneja la moto y a los conductores que se paren a tu lado

    A tu pregunta sobre mi motor. La fantasia excita , pero a menudo la realidad la supera

    • Quizás la presión de los pechos sobre una espalda ancha mientras unas manos se sujetan a la cintura o… un poco más hacia abajo. La mezcla de perfumes, con los cuerpos tan cerca. Tienes razón, querido Feri, aunque creo que no solo va a gozar el conductor, ¿no crees?

  3. Chaqueta ajustada, piel negra, botas… y todo por descubrir.

    Intenso y excitante.

    “Ni se te ocurra volver a hacerlo sin mi…”

    Volveré.

    Mis besos más cálidos

  4. Mi viejo monitor de equitación. Barbado, maduro y siempre llegando al centro hípico a lomos de una fascinante chopper, decía que, pese a que la sensación de galopar en soledad llevando las riendas de un resistente arabiro era una de las más excitantes emociones para un jinete; nada era comparable a llevar todos esos caballos de potencia entre las piernas…

  5. Pingback: Lujuria durmiente | Erótica Carme Barba

  6. Pingback: ¿Importa el tamaño de tu Eros?

  7. Pingback: ¿Importa el tamaño de tu Eros? Relatos eróticos 23

  8. Pingback: La lujuria de la durmiente. Relatos eróticos 17

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.