El placer inconsciente de la petite mort. Relatos eróticos 11

Relatos eróticos 11

Relatos eroticos placer petite mortLa primera vez que Mamen oyó hablar de la petite mort, como la sensación más electrizante que puede padecer una mujer durante el orgasmo, fue en boca del Gran Maestro, Hugo, quien, por el azar del destino había descubierto su secreto femenino más preciado: sus únicos y exclusivos orgasmos nocturnos. Este hallazgo la hizo sentir vulnerable y a la vez fuente de atención de aquel hombre poderoso del que se había enamorado por su personalidad y por una necesidad insaciable de ser querida y protegida, y no supo negarse…

…/…Al principio, a Mamen le costó reconocerse en aquellas imágenes, pero al fijar más la atención…Allí estaba, durmiendo desnuda en una postura de elocuente placer y cuando la estancia se inundó con sus gemidos, no tuvo ninguna duda de estar siendo espectadora de uno de sus orgasmos nocturnos. Quedó cautivada contemplándose y al acercarse la cámara a su rostro pudo observar, por primera vez, su expresión de éxtasis.

—Estás impresionante—oyó  detrás de ella.

No le había oído entrar y el calor de su aliento y el ronroneo de su voz en la nuca la desarmaron.

—En mi vida había visto una mujer en este estado—confesó Hugo—Aquella noche tuve que entrar en tu habitación en busca de unos documentos que guardabas en una de tus carpetas y al oír tus suspiros y gemidos, y al verte desnuda sobre las sábanas, con la mano en tu sexo, profundamente dormida…—expiró un largo suspiro, cerró los ojos y al abrirlos de nuevo, Hugo continuó.

—Estuve a tu lado durante todo el orgasmo y durante casi toda la noche, esperando poder gozar de un segundo. Nunca había presenciado algo igual y me pareció el acto más sensual al que he asistido jamás. Desde entonces, el duende de tu sexo me persigue y decidí indagar en lo más profundo de tu ser hasta descubrir cómo conseguir ocupar el puesto del fantasma de tus sueños eróticos del que ni la bibliografía ni la literatura, nada cuentan de él—casi narraba con un sentimiento de intenso romanticismo.

—Esos orgasmos nocturnos, de los que tanto he aprendido a costa de saltarme las barreras de tu intimidad se han convertido en mi deseo y en mi delirio y todo aquel que se ha interpuesto se ha convertido en un obstáculo que he tenido que apartar de mi camino—se lamentaba sentándose al lado de Mamen.

— ¿Te das cuenta de que a los juguetes eróticos les otorgas un placer al que nos tienes vetado al sexo masculino?— Con ellos te sueltas, te abres, te entregas. Con los varones te insinúas, te ofreces, pero no confías y te resistes. Nos atraes con tus encantos, nos engañas con tu pasión y nos excitas de tal forma que somos incapaces de darnos cuenta de que tu orgasmo y tu “petite mort”, todavía están a años luz; pero tu feminidad ofendida ya no permite una segunda oportunidad—la amonestaba.

Mamen lo miró atentamente: el morbo de dominar al Gran Maestro era más que tentador, pero la mera posibilidad de considerar que había descubierto cómo echar abajo su fortaleza más íntima, resultaba aterradora. No era una jovencita de dieciséis años sino una mujer que rondaba los cincuenta, acostumbrada a unos placeres sexuales que controlaba a su antojo y necesidad. Por una parte, deseaba que aquel hombre derrotara sus tabús de una vez por todas pero por otra…, estaba muerta de miedo, pues sabía que  si fallaba, todas sus expectativas y sus sueños con él se desvanecerían y, consciente del riesgo, quiso advertirlo pero él accionó el mando del proyector y una nueva imagen ocupó la pared.

—Hasta esta representación masculina en forma de poster le permitiste que te diera órdenes, acatándolas sin rechistar; consintiéndole que te sedujera, que jugara contigo, que te penetrara, que te poseyera,…incluso consiguió llevarte al orgasmo. Pero “¿Por qué él y no yo?”, me he atormentado durante este tiempo; hasta que un día me di cuenta de que era justamente su anonimato el que desinhibía tus represiones—concluyó levantándose hasta interferir la proyección de la luz con su cuerpo.

Lo cierto era que la combinación de lo real y lo imaginario a Mamen la desorientaba y percibía unas señales confusas en su sexo. Cerró los ojos esperando recuperar el control pero al volverlos a abrir, ambos seguían allí. Observó sus caras y sus cuerpos tratando de separarlos, pero se habían fundido en un solo hombre: un hombre con el que se había entregado totalmente sugestionada por su apariencia ficticia y otro al que se sentía fuertemente atraída a la vez que intimidada por su innegable existencia. Ya le resultaba imposible discernir caras, voces y sensaciones y sus palabras llenas de lujuria no dejaban de fustigar su libido. Su perla acabó sucumbiendo y se abrió, permitiendo que el roce de su miembro masculino la convirtiera en una esponjosa y dulce bolita a la que conquistó sin consideración, seguro del poder de su masculinidad. Abrumada, se dejó llevar por aquel insistente y apuesto caballero, alejándose de la protección que Mamen tantos años había custodiado y, al quedar indefensa, cedió; cedió todo lo que había reprimido durante toda su vida, librándose de aquella camisa de fuerza que la había sujetado y mantenido a raya cada vez que la locura carnal se le acercaba. Y dueña de sus actos, palpitó hasta enloquecer, decidida a llegar a un éxtasis del que todavía era virgen y dispuesta a catar aquella sensación de “petite mort”, de la que había oído hablar pero nunca había podido sentir…/…

 

17 comentarios de “El placer inconsciente de la petite mort. Relatos eróticos 11

    • Justamente, la voz femenina fue lo que menos me atrajo de este video, querida Ester. Me pareció demasiada estudiada, poco convincente, demasiado melosa y con una entonadilla programada. Prefiero las voces oscuras, perdidas, roncas, no tan dulces, más descaradas y por encima de todo, espontáneas. Abrazo de sábado noche

  1. Mamen, goza de sus “petites morts” en el silencio de la noche. Su interior la goza intensamente, quizás más que muchas mujeres durante el acto. Creía ser diferente al no orgasmarse con un hombre, pero se orgasma con él, con su imaginario que por las noches la vuelve loca. Hugo, la despertará, la hará ser ‘mortal’, sentirá la petite mort con un hombre, se liberará, pero dejará ahora de sentir lo que sentía durante la noche? Solo Mamen lo sabe.
    Me alegro por Mamen, liberándose de sus tenazas.

    • Yo no estoy tan segura, querido Feri ¿Es Hugo realmente su presunto liberador ? Esta es la incógnita que se oculta hasta el final de la novela…

  2. Carmen, tienes razón, la voz del video es estudiada, melosa y muy programada, pero es un video y como tal !!!, jo la encuentro muy bonita. Evidentemente en el terreno mas intimo y personal, prefiero una voz espontánea.
    En el relató, Mamen, cedió al encanto de un hombre que la tiene dominada i embrujada, aunque no nos desvela si consigue su “petite mort”.
    Personalmente depender de alguien, no se hasta que punto es bueno………………
    Un abrazo hermosa dama.

    • Me parece, querida Ester, que Mamen estaría de acuerdo contigo.
      Y, en cuanto a las voces, al igual que las palabras tienen el mismo poder de atracción o de repulsión. El tono, la intensidad, el volumen…son aspectos que en función de como se modulan son capaces de transmitirnos sensaciones y sentimientos totalmente distintos. Abrazo de martes

  3. La imaginación de Mamen y esa petite mort que solo puede tener en sus sueños. Fantastico relato Carme, como todos los que escribes. No son cansinos y aunque todos hablen de sexo consigues que no sean repetitivos, cada uno tiene su historia y cada historia es como un pedacito de la misma vida con visión erótica.

    • Has incidido en algo que a veces me preocupa, querida Ana Mari: la monotonía de estar hablando siempre del mismo tema. Y no lo digo por mí, si no por los que me leéis. Siempre más de lo mismo…Espero y deseo que si alguna vez os saturo, me lo digáis con toda confianza, aunque espero que esto no suceda. Abrazo y vuelve cuando te apetezca.

  4. Petite Mort… nada tan electrizantemente femenino como el placer en grado sumo, repetido y constante, escandalosamente suyo, frecuente, intenso, agotador y envolvente. Nada tan cierto y real como una mujer entregada a sus placeres, nada tan emocionante y fascinante como contemplar los ojos de aquella que se abandona a su intensidad de forma tan increíble. Inolvidable en el recuerdo de quien ha tenido la enorme fortuna de vivirlo aun en segundo plano.

    Me encantan tus letras. Sigo y volveré.

    • Petrus, un placer tenerte en este espacio ludico donde la literatura erotica es la protagonista. Debo confesarte q tu descripcion del orgasmo femenino me ha sorprendido gratamente y mi naturaleza curiosa y extrovertida me pide preguntarte si esta descripcion es el resultado de observarla en tus brazos o en la distancia. Espero q mi peticion no te resulte impertinente. Espero seguir viendote por aqui. Abrazo

  5. Carme, el relato tuyo sobre “la petit mort” desglosa y desnuda mucho de lo que pasa por la mente de una mujer cuando, con algún intermediario fantasioso, da rienda suelta a sus sensaciones. ¿Quién no se ha masturbado alguna vez acudiendo a su objeto del deseo, aunque éste sea intangible?… Y por otra parte, el video me gustó mucho, es un derroche de diseño y recursos gráficos. La voz… bueno: a mí lo que me erotizó fueron las letras en sus danzas y movimientos.

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