Bajo el dominio del blasfemo. Relatos eróticos 26

 

Relatos eróticos 26

Relatos eróticos dominio blasfemoLa peor pesadilla no es un sueño sino la realidad consentida…

Nunca había leído la Biblia, ni tampoco había tenido necesidad de hacerlo hasta que vio sus blasfemias en pantalla y un miedo desmesurado por lo desconocido, por su oscura personalidad, por el peligro de sentirse atraída por un ser infernal, la invadió.

Sin su consentimiento, él se aprovechó y se apoderó de su ingenuidad. Desesperada, intentó apelar a la cordura pero la mente dejó de serle racional y su dominio pasó a manos de los instintos más bajos y cínicos. Intentó deshacerse de aquel súcubo, olvidar sus diabólicas palabras que no cesaban de repetirse en su cabeza acostumbrada a violaciones menores, pero de nada sirvió resistirse.

“¡Pobre desgraciada, tenía los días contados!”

La observaba muy de cerca y cuando bajaba la guardia, la acorralaba y la atacaba de nuevo, deshornándola cada vez más hasta dejarla sin fuerzas para defenderse y escapar.

¡Qué poco le faltó para llevársela consigo! Pero al ver que su presa se daba por vencida y con ella su diversión, simuló apiadarse, ofreciéndole la imagen de un pene furibundo, cabreado por haberlo dejado a medio azotar, sin joder, huérfano de coño. Tan solo verle el capullo, ella supo que lo pagaría muy caro y un escalofrío le recorrió las entrañas, fruto de un dominio morboso y de una atracción amoral, aunque lo más petrificante era que se estaba convirtiendo en un acoso consentido, lejos de todo sentido común.

“¡Misericordia!”, exclamó ella con ira al cielo. Pero fue el infierno quien le contestó.

En contra de sus creencias, sufrió la imperiosa necesidad de cobijarse entre la droga de los devotos para hallar la paz y el perdón donde nunca se hubiera imaginado buscar. Mas, en vez de sosiego, entre capítulos y versículos de las sagradas escrituras halló la maldad en la plenitud del Apocalipsis, una maldad muy superior a la de aquel blasfemo sin rostro y carente de escrúpulos físicos y morales. Fue allí donde, por primera vez, oyó su voz viviente: “Ven”.

Entonces ella le miró y vio un caballo. Lo estaba cabalgando la muerte y el infierno, lo seguía…

Tal era su cólera por no haberlo complacido…

 

9 comentarios de “Bajo el dominio del blasfemo. Relatos eróticos 26

  1. Es imposible negar por mucho tiempo su deseo de pervertirse con Él, pero justo allí está el placer, en la renuencia de aceptarse como suya.
    Ese, Ven, es un deseo de ambos que debe ser satisfecho.

    • Lo dudo, querida Camila. Entre la perversión, la imaginación y la realidad hay un abismo que cada uno puede nivelar a su antojo y necesidad en función del momento.
      No subestimes nunca al contrario, y menos, si es mujer.

      • Totalmente de acuerdo. Nunca hay que subestimar un rival, y si es mujer, aun menos.
        Ahora evitar la tentación de lo desconocido es a menudo dificil.
        Gracias por haber vuelto

  2. Nunca se encuentra cobijo ni sosiego escondiéndose del blasfemó.
    Ese “ven” no es más que una fuerza donde te dice que tienes que enfrentarte a tu propio miedo, aunque este cabalgue a lomos de la muerte y el infierno le siga.
    Besos.

    • Y eso ha hecho la protagonista, querida Ester, enfrentarse a sus miedos y fantasmas, aunque sin la existencia de ese Blasfemo, difícilmente se hubiera dado cuenta de ello.
      Otra cosa es la interpretación de su “Ven” que en este caso significaba convertirse en su sumisa de por vida y, a eso, ella no ha claudicado. De aquí, la desaparición del blasfemo de su vida.
      Abrazo

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