Homenaje erótico a Sant Jordi. Relatos eróticos 12

Relatos eróticos 12

Relatos eroticos diada Sant Jordi“Déjame que te vea ¡Madre mía, estás preciosa!”

Sí, quizás estas palabras son poco originales pero son las que necesito oír y el primer paso para sentirme deseada. Y si a ellas les siguen unas manos cálidas y hábiles, desabrochando botones y jugueteando con las cremalleras hasta llegar a esa lencería exquisitamente escogida, no dudes que me voy a derretir en tus brazos, pero antes…Antes voy a mostrarte qué tengo de aperitivo para ti.

Pues claro, esas almejitas que tanto te gustan, jugosas porqué su vulva se deshace en tu boca al ser cocinadas a fuego lento, sin prisas. ¿Hueles? Los efluvios del vino blanco se escapan por la estancia, mezclándose con el aroma a canela de las velas. Ya sabes cuánto me relaja este ambiente, abre mis sentidos y algo más…aunque primero, ¿qué te parece si descorchas el vino?    Si, este que tanto de deleita mecer entre tus manos, saborear en tu paladar, mojar tus labios. Él también necesita un tiempo para reposar antes de ser catado.

Sí, ya sé que tenemos reserva en tu restaurante preferido pero todavía falta más de una hora. ¡Uy¡ ¿no te lo había dicho? He osado llamar y retrasarla media hora. No, qué va, no se han molestado porque les he explicado que era por una buena causa: hoy es San Valentín y me siento muy especial. Y, ¿sabes qué me ha contestado la chica? “¡Qué suerte poder disfrutar de este día sin prisas”. Y tiene toda la razón, ¿no crees?

Sus palabras me han revelado algo que a veces olvido: soy muy afortunada, al igual que la luna que hoy ilumina tímidamente el cielo ¿la has visto?, ¿no? Ven, acércate a la ventana. Parece una mecedora donde las nubes se detienen para poderse balancear en ella. Me recuerda mi infancia, en el columpio de mi abuelo donde las horas me pasaban sin hacer nada, cantando y admirando las plantas del jardín.

Por cierto, las flores que me has traído son preciosas: blancas y aterciopeladas, tan agradables a la vista y al tacto. Vamos, acompáñame a la cocina a ponerlas en agua y así apagamos el fuego de las almejas que ya deben estar al punto. Cómo me gusta que me cojas de la mano, igual que cuando nos conocimos.

Ayúdame a alcanzar el jarrón, ¡pero no me hagas cosquillas! Ya sabes qué pasa cuando me coges de la cintura, así. La comida se enfría y acabamos rompiendo alguna cosilla que nos estorba.

Vale, sí, ahora ya me puedes quitar el delantal. Mucho mejor, ¿verdad? Ni te imaginas lo que estás insinuándome con la mirada. Como sigas así vas a turbar mi libido.

¿Qué te parece si sirves el vino mientras yo preparo una fuente con estas preciosidades de vulva melosa? Y quizás corte un poco de pan. Este jugo está para chuparse los dedos. Vaya, no te lo has pensado, eh? Mmmm, qué boca más cálida ¿Este beso es una muestra de que están ricas o hay algo más? ¡Uy!, ya noto que si hay más.

Deja que te mire: me gusta cómo te han cortado el pelo; te resalta esas canas tan seductoras y esas cejas gruesas e inquietantes. Cada vez que te tengo cerca recuerdo por qué me enamoré de ti; ¡y de eso ya hace veintidós años! pero, a pesar de ello, nunca te cansas de tocarme y de mirarme. Cuando te pillo, disimulo, porqué lo último que deseo es que me descubras y dejes de admirarme como sólo tú sabes hacerlo. Mi corazón se acelera y mi imaginación se altera, como ahora. Me gusta la sensualidad del tacto de tus manos al acariciar mis curvas y mis nalgas; el deseo loco de tus dedos por atravesar la tela y la lentitud con que tú los dominas; el ronroneo de tus dulces palabras en mi oído mientras tu traviesa boca me colma de besos.

Si, hoy he escogido las panty con esa blonda tan favorecedora. Son tan femeninas, ¿verdad? Ah, no, hoy sin liguero. Si ya sé que me queda de maravilla pero hoy me apetece ir cómoda, sin apretujones ni tirones y te aseguro que no es la prenda más confortable. Otro día jugaré a chica mala contigo pero hoy…, hoy necesito que la pasión fluya sin obstáculos. Un brindis, cariño.Relatos eroticos Sant Jordi

¿Te has dado cuenta, eh? Hacía tiempo que no me ponía este vestido con la falda de vuelo; me lo compré expreso para la boda Vintage de tu prima en la montaña. Qué delicia, con la brisa y el sol de primavera azotando mis mejillas ya rojas por tus piropos y tus manos que escapaban por debajo la falda con la excusa de que era el viento. Y cuando este no soplaba, me cogías de la cintura haciéndome volar por el aire y yo me sentía como una cría, como ahora, que siento tus dedos rozándome la piel al bajar la cremallera y tiemblo pensando en tu siguiente movimiento. Pero no, no quiero adelantarme, quiero gozar de cada instante, evadirme entre susurros y caricias, entre mordiscos e insinuaciones.

¡Vaya!, y tú llevas puesto el bóxer que te regalé en nuestro aniversario. Blanco y negro, marcando este don que me hace tintinear como una campanilla en plena primavera. Y esa fragancia a sándalo de tu perfume masculino, intenso y envolvente. Pero, ¿a dónde vas, ladino? Primero me robas el temple y después…Bueno, eso ya es demasiado ¡Te has puesto las gafas de leer!, estas que sólo te pones cuando pretendes seducirme. Sabes que me derrito cuando te veo con ellas puestas, estás tan…No, por favor, no me levantes la ceja que no respondo. Y, ¿por qué no? Hoy todo es válido ¿Qué te parece si anulamos la reserva? La chica seguro que lo entenderá…

 

9 comentarios de “Homenaje erótico a Sant Jordi. Relatos eróticos 12

  1. Hola Carme.
    En primer lugar, déjame felicitarte por tan maravilloso relato, lo he leído y releído un millar de veces, siempre dejando un agradable sabor de boca.
    Después de veintidós años y aún saboreando el placer y la sensualidad del primer día……….. Sabes que mi idioma no es el español y a veces me cuesta expresarme, hoy por primera vez, no tengo palabras para explicar lo que me transmite tu relato.
    Almejas con vino blanco, ajo y perejil, fue mi cena del sábado pasado, acompañadas de unas gambas sazonadas con pimienta negra i limón, son unos de mis platos favoritos.
    Felicidades, es un placer leer tus relatos.
    Un abrazo grande, grande, hermosa dama.

    • Me alegro que te haya satisfecho, Ester, pues si te has dado cuenta el lenguaje y el objetivo es muy distinto al del resto de entradas que hasta ahora había incluído en el blog. Esta vez he querido ensalzar aquellos detalles cotidianos que a menudo ya no les damos importancia porque son eso, cotidianos. Pero en el fondo son la base del amor que sentimos por esa persona amada, sea hombre o mujer, amigo o amante. Sin los recuerdos y las sensaciones que les acompañan, nuestra vida sería muy pobre a pesar de que a algun@s nos apasionen las aventuras. Abrazo, querida Ester

  2. Qué placentero relato, Carme. A la gastronomía depurada de un plato sencillo y exquisito, acompañado con un buen vino, se une la mente traviesa, juguetona y sensual de la mujer enamorada que está disfrutando de su hombre aun antes de estar en la cama. Se me antojó todo: almejas, vino, aroma en el ambiente, el hacer cerebro y la anunciada seducción.

    • Querida Gloria, me agrada ver que valoras y ensalzas la sencillez de lo cotidiano: comer, beber, dejarse sentirse especial solo por el hecho de recordar, de compartir, de mostrarnos tal como somos, pues fue eso lo que le enamoró en su día. Esos pequeños placeres nunca deberían convertirse en “fast food” ni en un “vamos a cumplir que hoy toca”. Y en el fondo, ¿es tan fácil, verdad? Abrazo, Gloria y gracias por acercarte en un día tan señalado.

  3. Carme, excelente canto al amor duradero, sabiendo mantener la líbido y el deseo durante tantos años. Y tan difícil a la vez.
    Relatas el secreto de estabilidad de una pareja. Cuando el deseo se pierde, la pareja peligra. Gracias de nuevo por hacernos soñar.

    • Nada más lejos que un “canto al amor”, Feri. La seducción y la atracción no son un canto, sino armas y artilugios para mantener esa libido, a la que bien te refieres, en guardia, aunque solo sea por un día y unas horas. Cierto que las relaciones van perdiendo brillo con los años, a veces por no sacarles el polvo y otras por dejarlas de mirar con los mismos ojos. Depende de nosotros decidir si queremos que siga menguando o por lo contrario, resucitar los momentos pasados. Abrazo

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