La perversión de Príapo. Relatos eróticos 38

Relatos eróticos 38

 

Relatos eroticos perverision priapoEl archivo se había convertido en nuestro lugar preferido. Allí nos sentíamos los reyes del mambo de lo oficina. Entre cajas y carpetas ¡Jo!, qué morbo. Mi amo sentado sobre la pila de “los morosos”, que era la más recia, y yo con unas ganas locas de hincar el capullo a un coño húmedo y estrecho. ¡Cómo me desbocaba mientras le veía mamando una teta XXL! Le gustaban grandes pero nada de siliconas. Prefería saborear el efecto de la gravedad al turgente plástico de quirófano. El tío era un finolis, una herencia de sus días de bebé en los que se resistía a dejar la teta de su madre. Fue en aquellos melones hinchados de leche con la areola abultada donde sus labios de querubín perdieron la virginidad y hallaron la perversión. Desde luego, no se podían comparar a la triste y blanda tetilla del biberón y cuando no tuvo más remedio que conformarse con el sucedáneo empezó a buscar consuelo entre las amigas de mamá, seduciéndolas con sus ojazos azules y paseándose desnudo mostrándome sin ningún remilgo. Ellas no se podían resistir al encanto de aquel niño inocente y cariñoso que se quedaba dormido chupándoselas a escondidas de los maridos por debajo de los jerséis de suave cachemira. Tanto mimo y tanto alimento lo convirtieron en un hombre fuerte y lujurioso. A los quince, mi tamaño era de envidia y las madonas se me ofrecían con los muslos abiertos y los labios mojados. Mi capullo era pecado di Cardinale y todas se morían por tenerme en su interior. ¡Oh, qué días! Perdí la virginidad cuando otras todavía estaban en plena pubertad.
Pero a lo que íbamos…
Aquella mañana, Petrus, tal como le llaman los amigos a mi dueño, se tropezó con una desconocida en el despacho. Enseguida se encaprichó de ella y la abordó con descaro.
“Te va a salir caro, nena. A este le conozco como si lo hubiera parido”, intenté avisarla cuando vi que se presentaba tendiéndole la mano. Sin soltarla, le preguntó una chorrada y la pobre no tuvo más remedio que levantar los ojos y cayó en su trampa. Él le levantó la ceja, se mordió la comisura del labio inferior y ladeó la cabeza hacia el archivo con un gesto casi imperceptible ¡Qué arte tenía el tío!
Ella desvió la mirada recorriéndolo aguas abajo y yo cogí protagonismo. No fallaba. Mi amo se empeñaba en vestirme ajustada y mi sensibilidad aumentaba con el toqueteo del algodón que me envolvía.
“Ya casi la tienes en la entrepierna, Petrus. Ahora ponla en celo y remata a esta yegua”, le animaba yo sintiendo ya el cosquilleo del flirteo.
Él entró primero en el archivo para cerciorarse de que no hubiera nadie, pero ella entró pisándole los talones, lo empotró contra la pila de los expedientes en trámite y lo morreó hasta dejarlo sin respiración. Él le abrió la camisa sacando unos pechos blancos y voluptuosos que estrujó con las manos como si quisiera sacar leche de las ubres. La muy guarra se había quitado antes el sujetador y seguro que también las bragas. Empezó a gemir ante las succiones que mi amo le daba a aquellos tetones mientras a mí me presionaba con un pubis puntiagudo insinuándome la raja donde pronto iba a sumergirme. Se me hacía la boca agua y no pude contener un incipiente goteo. Entre los dos me desnudaron y salí encabritada, acertando de pleno en un minguino húmedo y caliente. El clítoris salió a mi encuentro y me entretuve convenciéndolo de que si se me abría, lo pasaría en grande. No juego limpio, lo sé, pero son tan tímidos… Cuando paso por ellos, sus dueñas se estremecen y me presionan y eso me vuelve loca.
Pero de golpe, noté que me desalojaban. Salí dura, mojada y confundida por el repentino desahucio, aunque duró poco y la interrupción lo mereció.
Ella se nos puso de espaldas, apoyando las manos sobre la estantería de los expedientes VIP. Petrus le separó las piernas y le levantó la falda. A cambio, ella nos ofreció un culo imponente. No me lo podía creer. ¡Qué suerte la mía! No todos los días podía meterme en un estrecho sendero de Sodoma y eso, sí me provocó una erección de campeonato. Tenía la intención de entrar hasta al fondo del ojete y me daba igual que la dama gimiera, gritara o se rompiera en dos. Deseaba frotarme contra las paredes de la angosta caverna penetrándola y desatando el placer en cada embestida. Y mientras ella apagaba sus alaridos mordiendo los dosieres, yo empecé a vibrar como una condenada sintiéndome desbordar. Era un trabajo en equipo pero yo ya no podía esperar más y arremetí por última vez, inundándole las entrañas en una explosión de espeso y cálido esperma.
Todavía en su interior, sentía el estremecimiento de la dueña de mi sueño hecho realidad a la que le estaba infinitamente agradecida por su complaciente ofrenda. Y, sinceramente, me hubiera gustado gratificarla de alguna forma, pero llevábamos ya demasiado tiempo ausentes en la oficina. Ella se vistió rápido y salió con aquel el brillo en los ojos que delata el disfrute de una mujer. Y, ¡por Dios si nos delató…!
Al salir del archivo, el jefe nos esperaba de pie y con cara de pocos amigos. Con un gesto, nos indicó que le siguiéramos al despacho. Yo hubiera dado media vuelta pero mi amo, todavía ofuscado por su hazaña, le siguió sin imaginarse a qué iba a enfrentarse.
“No era culpa suya que hubiera hombres que tuvieran a sus mujeres desatendidas”, intentaba explicarle Petrus al patrón sin darse cuenta de que si seguía por aquel camino teníamos todas las de perder. Pero mi dueño era un chulo, un creído, un hedonista, un… un terrible seductor que se camelaba a todo lo que se le ponía por delante fueran perras, mariposas o jabalíes. Y, ¡qué narices!, ¡qué nos quiten lo “bailao”! Había sido uno de los mejores polvos de mi vida y decidí dejarlos enzarzados en una aburrida discusión mientras yo me regocijaba en el recuerdo hasta que llegaron al epicentro del cabreo del mandamás.
—¡Me da igual lo que hagas con las otras pero a mi mujer, ni tocarla!, ¿estamos? —vociferó como un poseso.
Vaya hombre, con tanta hembra para escoger y ¡nos habíamos follado a la mujer del jefe!
— ¡A saber que le habrás contado para pervertirla y convencerla para fornicar en mi propia casa! Con lo dulce e inocente que es… Pero tú; tú eres un pervertido y mereces un castigo a tu medida.
No quería ni oírlo. Temía lo peor. Ya me veía pasando penurias, a pan y agua, rodeada de tejido sintético y lavándome con jabones de “todo a 100”. Pero, ¿quién se hubiera imaginado que aquel bellezón y ese insignificante energúmeno compartían alianza? Porque lo que era cama, lo dudaba. Con lo ridículo que era el canijo, con su bigotito, la raya en medio y ¡aquel barrigón! Pobre verguita, ¿dónde la tendría escondida?
De repente, el sesentón suavizó la voz y nos obsequió con una mirada dulzona. No recuerdo haberme sentido tan flácida y desmoralizada en la vida; ¡ni en las peores infecciones venéreas! El tío no se sentía cornudo, ¡sino celoso!
Me negaba a meterme por un agujero viejo y feo, pero no había marcha atrás, y no tuvimos más remedio que llegar a un pacto: el jefe me necesitaba en su culo; solo así, mi dueño conservaría el curro.
Pero eso no era todo, pues el señor debía dar ejemplo a la plantilla y con un par de gritos ordenó la reunión inmediata de las veintidós féminas de la oficina incluyendo a las encargadas de la limpieza, por si acaso. Clavó los ojos en su amante esposa y nos nombró: “espécimen indeseable e intocable del año”, so pena de perder el trabajo aquella que se rindiera a nuestros encantos.
Nunca había recibido tal ráfaga de rabia, deseo y menosprecio en forma de mirada por parte de mujeres a las que había hecho gemir de placer en aquel archivo al que a partir de ahora, sería el polvo ambiental el único que verían las estanterías.
Soportamos el chaparrón con dignidad y al acabar, nos dirigimos al lavabo donde Petrus se miró en el espejo y asumió que tirarse a la mujer del jefe tenía un precio, aunque no se hubiera imaginado que sería tan alto.
Cuando salimos, no habían pasado ni diez minutos y la noticia ya se había expandido como una bomba de relojería. Las paredes entre pisos eran muy finas y el ascensor un medio de transmisión infalible. En las cafeterías de alrededor no se hablaba de otra cosa que de los cuernos del marido y hasta los mensajeros y los funcionarios de correos se habían enterado. Nos habían dado donde más dolía: en todas las pelotas.
El mes siguiente fue un desastre. Petrus había pasado de ser el contable rubio más cotizado del estado al esclavo de un depravado. Nuestro “arreglo” con el jefe iba de boca en boca y las hembras huían al vernos. Por suerte, tenía la próstata tan abultada que yo en seguida daba con ella y en dos invasiones el desgraciado ya se corría.
Pero lo peor eran los fines de semana y aquella noche, al igual que todos los viernes y sábados que siguieron a nuestro destierro, nos sentamos en la barra del único bar en el que nuestra historia parecía importarles un bledo. Petrus pidió lo de siempre y la camarera le dejó la botella. La chica se conocía de memoria sus indirectas subidas de tono y huía de nosotros como de la peste.
Relatos-eróticos-perversiónYo me sentía tan desesperada que mientras él se servía el segundo vodka, le di un ultimátum con la esperanza de que reaccionara: “Tío, ¡como hoy TAMPOCO triunfes nos vamos a quedar empalmados de por vida! Me tienes enorme y tiesa esperando a que una mujer vuelva a interesarse por ti, pero el jefe nos ha bien jodido ¿verdad? ¿Y si nos quedamos impotentes? Sabes, cada día te pareces más a ese ser mitológico, ¿Príapo se llamaba? Sí, sí, ese que tenía un pene enorme como castigo por haber fornicado con la que no debía, o algo parecido. Bueno, eso es lo de menos. La cuestión es, ¿qué vamos a hacer?, ¿nos jubilamos, prefieres acabar con las existencias de este bar o espabilas?”
Sin mucho entusiasmo, mi amo repasó la mercancía que nos rodeaba y empezó por intentar seducir a las dos morenas de la primera mesa con su gesto del labio que ya tenía erosionado de tanto frotar en seco. Ellas lo miraron guasonas y le contestaron con un contundente morreo lésbico ¡Qué desperdicio de mujeres, qué asco!
Petrus apuró de un trago su tercer vodka y se fijó en la pelirroja del fondo. Pero esta ya le estaba metiendo mano al papanatas que tenía al lado y le tocó el turno a la rubia recién llegada, aunque la descartó al instante: solo había entrado para pedir cambio. Se llenó otro vaso y notó la quemazón del alcohol en el estómago y el peso en los testículos. Le dolían de lo llenos que los tenía. Llevaba demasiado sin descargar como debería y eso pasaba factura. Yo estaba harta de tener que contentarme con follar mujeres de la calle en lugares lúgubres donde me costaba empalmar, acabando peor de cómo había empezado.
Al final, tuvo que decidirse por lo único que quedaba en el local: una friqui sesentona entrada en carnes que alternaba rayas de coca con chupitos de whisky. Nos levantamos y nos dirigimos a su mesa donde recibimos el bochorno y la humillación de la bella dama que nos echó sin contemplación por ser unos “picha caída”.
Yo le hubiera cantado las cuarenta, o las sesenta en este caso, pero Petrus volvió a sentarse en la barra, se llenó otro vaso y se quedó repasando con descaro a la pija que nos acababa de insultar. Eructó, se bajó la cremallera del tejano, me sacó de la madriguera y ante la sorpresa de todo el bar, empezó a masturbarme ante ella. La travesura me encantó y le seguí el juego, dejándome que me meneara a un ritmo frenético. Y mientras él gritaba como un loco yo me imaginé de nuevo en el culo de la mujer del jefe, poniéndome mala de placer.
El espectáculo excitó la lujuria de las lesbianas y ante la sorpresa del público nos ofrecieron unos penes travestidos a los que nada podían envidiarme. Nunca había participado en un trío y como la unión hace la fuerza, nos adueñamos de la barra convirtiéndola en un escenario donde los tres saxos cerraron el estribillo al unísono, con una erección dedicada a la depravada cocainómana que no era ni más ni menos que el jodido jefe que por las noches se convertía en una gata parda.
¡Bendita vendetta! ¡Nunca me había sentido tan aplaudida!

 

 

22 comentarios de “La perversión de Príapo. Relatos eróticos 38

  1. Entiendo las dificultades que tienes para describir lo que siente una polla, que son probablemente muy parecidas a las que tendría yo si en un relato de los que escribo intentara describir los sentimientos de una vagina. No obstante, el relato me ha gustado y tiene un nivel elevado de morbo. Los diálogos entre la polla y su dueño están bien resueltos y como suele pasar, aquélla domina a éste. No siempre las reacciones de nuestro órgano más manifestó las conseguimos controlar y su grado de obediencia es más que discutible; gatillazo se llama cuando nos abandona del todo. No obstante, intento educarla en el sentido que la penetración debe ser el último recurso y existen placeres en el camino que jamás deben olvidarse. Por lo demás, tu relato tiene Carme todas los elementos de mis fantasías más escondidas: la penetración anal, las lesbianas, los travestis, la masturbación… En fin, te felicito. No se puede decir más en tan corto espacio

    • Lo cierto, Ignasi, es que no me ha costado ponerme en el lugar de vuestro miembro. Quizás el motivo radique en el hecho de que los hombres habláis más abiertamente de vuestro sexo, hasta fanfarroneáis. En cambio, las mujeres somos más discretas, cerradas o quizás ni sabemos cómo expresar abiertamente lo que sentimos. En cuanto al dialogo entre pene y amo te aseguro que lo he disfrutado y reconozco que una vulva no me lo habría puesto tan fácil lo que me lleva a pensar que quizás debería ponerme a ello o quizás antes ponerme en el cuerpo del amo y criticar este latigazo al que le das la culpa a “ella” cuando todo reside en vuestro “coco”. Y además me hablas de educación, no de contención… Bueno, eso ya va por nota. Creo que voy a necesitar un poco de trabajo de campo para poderte ofrecer una segunda entrega, Ignasi. Un placer tenerte aquí, es muy estimulante y altamente gratificante…

  2. Voy a estar crítico. ¿Los hombres hablamos más abiertamente del sexo?. ¿Acaso todo los hombres somos iguales?. Los estereotipos son siempre un error: ni todos somos unos bocas, ni a todos nos gusta el fútbol, ni todos no somos delicados, ni todos somos incapaces de cocinar. Tampoco todas las mujeres sois iguales de discretas. Precisamente el sexo es el encuentro de dos (bueno, en general) singularidades que se aíslan para darse placer mutuamente. Estoy dispuesto a renunciar a casi todo, menos a mi singularidad. Insisto: “ella” tiene vida propia, es desobediente, va a su aire, frecuentemente no obedece al “coco”…. Seguro que has tenido ocasión de contemplar un cuerpo masculino recién despierto que es el mejor ejemplo de independencia y de capricho; es curioso que el miembro más masculino tenga nombre femenino. ¿Has pensado en ello?

    • Me gustan los hombres críticos siempre y cuando se dejen criticar y tienes toda la razón, Ignasi. Pido disculpas por estereotipar, aunque sigo pensando que en global, el hombre habla mucho más de su sexo que no la mujer ¿Has asistido a alguna conversación o leído muchos artículos sobre el tamaño de la vulva? ¿Y del pene…?
      A partir de ahora respetaré tu singularidad con cariño, Ignasi, pero debo advertirte que la “trampera matinera” también tiene origen en el “coco”.
      Polla, pene, manubrio, miembro, rabo, falo… Creo que hay más denominaciones masculinas que femeninas, ¿no crees?

      • Me encanta la polémica, sobre todo con una mujer morbosa:
        picha, verga, tranca, collia, minga, chota, salchicha, poroga, banana, pija, anaconda….
        Jajajajaja

        • No te engañes, Ignasi, no soy morbosa, es más, creo que a este adjetivo se le está adjudicando un significado erróneo. Prefiero potenciar otras cualidades que también pueden ofrecer el grado de polémica que pareces buscar…
          En cuanto a tu listado en género femenino, con tu permiso voy a descartar las denominaciones con una connotación alimentaria, más las que provienen del otro lado del charco y alguna que no tengo ni idea de su origen etimológico.

          • Reconozco, una vez consultado el Diccionario de la Lengua Española, que es totalmente equivocado calificarte como morbosa y pido perdón por mi error. En realidad eres erótica, insinuante, sugestiva, incitante, atrayente, interesante, etc…epítetos referidos, claro está Carme, a tus relatos.

          • No tienes por qué pedir perdón, Ignasi. Ni me has insultado ni me has faltado. Solo que en erótica hay algunas palabras que se utilizan de forma inadecuada, se abusa de ellas y se distorsiona el concepto y cuando me cruzo con alguien interesante, tengo la necesidad de compartirlo.
            Y en cuanto a los epítetos con los que tan seductoramente describes mis relatos, si no te importa, Ignasi, me quedo con alguno para alimentar mi yo de “erótoma”

  3. Hoy más que nunca me alegro de la comunicación que tengo con mi polla.
    La verdad es que si por mi fuera la iría metiendo a diestro y siniestro pero la muy cabrona, sibarita ella, con la edad se me ha vuelto lista y no precisa la cadena de antaño: la llegaba a perder de vista a la muy facilona. Hemos aprendido a disfrutar juntos y, o vamos a la par o pasamos de largo. Rara es la vez que no coincidimos y sin miedo a parecer un holgazán, dejo a su parecer los coños en los que intentar mojarnos y calmar nuestra sed. A mi polla le gustan así: mojados, generosos, hondos y calientes. Que la sepan apretar y no rasquen, que cabalguen bien y sean agradecidos así como las bocas, los culos o unas buenas manos. A mí me deja la parte interesante, la seducción y el temple que hará que un coño la ansíe sin haberla visto, ni notado, ni intuido. Y no parará de lanzarme preguntas mientras se hace sitio en mi pantalón: huele bien la chica? tiene la sonrisa limpia? y la mirada sucia, Jean Luc?, tiene la mirada sucia?
    A mi polla le gusta que le diga que me miran con vicio, otra cosa no, pero intuir una buena follada la pone histérica y me grita: acércate, mamón! búscale el cuello y piérdete! quiero salir! Y ahí me quedo, jugando, dándole el placer de inundarla de sangre como preludio de un gran festín.
    Me gusta ser amigo de mi polla.
    Hemos aprendido juntos a que si nos respetamos somos un equipazo. Hace unos minutos me he parado a hablar con ella: escucha esto, le he dicho, y he leído éste relato. Aún se ríe la muy puta! Ella lo tiene claro: no hay curro que le supere, no hay castigo que no se pueda evitar. Avisado estoy. Si se me ocurre meterla en el culo de un viejo depravado para proteger mi cartera ya puedo buscarme otra! Más me valdrá, si quiero proteger mi hombría, que la guarde a ella y saque a pasear mis puños. Siempre ha funcionado enfrentarse al poder y, ante los ojos de veintidós féminas, creo que dos guantazos al jefe, dos de aquellos con la mano abierta que suenan como si no hubiera mañana, bastarían para llenar de deseo sexual y olor a coño empapado toda la oficina. Vete preparando polla mía: se nos ha girado faena. Hemos perdido el curro pero nos queda lo mejor: follarnos una detrás de otra a todas nuestras ex compañeras de despacho.
    Esto te pone eh cabrona? Me encanta cuando te noto sonreír…

  4. ¿Saqueador de vulvas en la juventud, Jean Luc? Qué pena no habernos conocido, hubiéramos hecho furor, provocado envidias y levantado pasiones. Ahora, lo más seguro es que los dos, pasarais de largo. Con el tiempo, los coños se secan, como una pasa, al contrario de la evolución de jugosa madurez que está asumiendo vuestra relación. Además, observo que tú y ella sois más bien frikis, al contrario que Petrus que es un pijo de la polla al bolsillo. Para que te hagas una idea, Jean Luc. Imagínate a un “Javier” a quien llevar alguna pieza de ropa que no sea de marca, un móvil que no sea de última generación o un utilitario que no sea el último modelo, puede convertirlo en el ser más desgraciado ¿Puños? No por Dios, lastimarse no entra dentro de sus planes de conquista. A las veintidós féminas ya se las pasó por la bragueta.
    Sigue siendo el amigo de tu polla. No muchos lo consiguen, Jean Luc. Yo me quedo con esta mirada sucia. Intentaré potenciarla pensando que la sonrisa de la cabrona se debe a las fotografías…

  5. Muy bueno el relato…como todo aquello que nos hace soñar y nos transporta a una realidad que nos gustaría…avivar las fantasías.
    Me declaro adicto al blog y a los relatos de Carmen.
    Sigue así, por favor, me encantan.

    • Por cierto, mi relación con las vaginas siempre ha sido bastante fluida. Siempre he sentido, y el tiempo me lo ha enseñado, que el propio placer pasa por agradar…y no siempre es sencillo.

      • Cuando hablas de fluidez, Antonio, ¿te refieres a que has sabido satisfacerlas? ¿a qué te has sentido satisfecho? No hay mayor satisfacción en una cita que la sensación de gustar, de agradar, tal como bien dices. Ese cosquilleo, esas miradas, ese roce inesperado pero tan turbador. Pero si en ese primer encuentro nada de todo ello ocurre, el deseo se convierte en frustración y la frustración en humillación. La vulva se cierra, la boca del estómago se encoje y las lágrimas queman. Cierto, Antonio, no siempre es sencillo.

    • Sinceridad ante algo que te hace sentir y remover la masculinidad, Francisco. La fantasía es un producto de tu imaginación. Eso significa que estás eróticamente vivo, aunque no querría que mis relatos te convirtieran en adicto. Necesito que sigas siendo tú, con tus puntos de vista, tus discrepancias, tus necesidades todavía por satisfacer ¿Qué te parece, “me declaro seguidor del blog”?
      Y no te preocupes. Por descontado que voy a seguir con ellos. Tú me has dado un motivo más para hacerlo

  6. Carme, erótoma,

    Dudo que alguien pasara de largo ante ti.
    Atrevido relato. Sexualmente muy potente, pero menos erótico que de costumbre.
    Petó.

    • Nunca había oído la palabra “erótoma”, Feri, y a pesar de que no he hallado su significado, es la segunda vez en lo que va de semana que un hombre me aplica este adjetivo. Lo que sí he encontrado es “erotomanía”, un curioso delirio por el que una persona está convencida de que es amada por otra cuando no es verdad.
      Hay muchas razones por las que puedan pasar de largo, Feri, y ser “erótoma” sería una de ellas. Tengo la sensación de que a partir de ahora debo ir con más cuidado a la hora de escribir y de hacer comentarios.
      ¿Sexual y potente? No te lo niego, Feri. Hay momentos en que mi yo masculino necesita revelarse y creo que este ha sido uno de ellos. Intentaré compensarte, aunque voy a necesitar un poco inspiración…

  7. En el evangelio de san Juan se escribe “En el principio era el verbo”. Es decir, que lo primero es la palabra y la palabra (como las fantasías) no hace falta que existan para que sean ciertas. Tu, Carme, eres erótoma en el sentido de que desprendes erotismo y sensualidad y a pesar de que yo sea el único (o de los pocos) que utilice esta palabra, da igual: lo eres. Y por favor, no vayas con más cuidado: el mundo es aburrido por culpa de que demasiados van con cuidado; ello nos empobrece y nos hace cobardes.

    • No soy religiosa ni creyente, Ignasi, a pesar de que sí lo fui en su día. Tengo la Biblia a medio leer pero me aburro y la dejo. Ahora me das un motivo para retomarla de nuevo.
      Admito que tu descripción de “erótoma” me seduce, Ignasi, sin embargo, ello no quita que la de “Eurotomanía” siga rondándome. Aunque, pensándolo bien, quizás sea una de estas musas que me van a inspirar un nuevo relato. Prometo no convertirme en una mujer aburrida, Ignasi: “Antes muerta que senzilla”

    • La inspiración, Feri, aparece en los rincones más insospechados, pero a menudo son las personas las que aportan el ingrediente necesario. Un comentario, un deseo, el recuerdo de un roce, el contenido de una palabra como “bonica”…

  8. Hola Carme.
    En primer lugar tengo que pedir disculpas por mi prolongada ausencia en tu blog, pero las circunstancias, mi gran estupidez y una serie de acontecimientos me han perjudicado, espero que me perdones.
    En cuanto al relato, me parece muy acertado, teniendo en cuenta que nos habla la polla, está en su línea, lo encuentro realmente fascinante y si pudiera expresarse con palabras, no sería más explícita.
    Mi relación con mi vagina, no sabría decir, pero creo que tenemos una muy buena comunicación, aunque no estamos tan conectadas, como el macho a su polla, cubrimos nuestras necesidades porque coincidimos en que las dos sabemos muy bien lo que queremos, aunque alguna vez he tenido que luchar contra ella porque el tintineo de unos labios hambrientos y húmedos de deseo han querido ser poseídos.
    Besos mil bella dama.
    Un petó bella dama.

  9. Ester, todos tenemos momentos de ausencia, por el motivo que sea. Este espacio es para sentirse a gusto, huir de la monotonía del día a día, catar nuevas sensaciones y contar algunos secretos. Olvídate del resto cuando estás aquí.
    ¿Sabes? Te oigo hablar de tu vagina como quien habla de su íntima amiga con una complicidad ejemplar y te envidio. Creo que el hecho de que las pollas sean exteriores las convierte en un “ente” muy hedonista, siempre superior al de una vulva oculta que nunca puede mostrar su tamaño y belleza al descubierto, en tres dimensiones, y creo que ese es uno de los motivos por los que el protagonismo se lo lleva el pene, es lo tangible y visible. Lo cierto es que me costaría escribir en boca de una vulva, lo confieso, al igual que confieso que te he echado de menos, Ester. Un petó y gracias

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