Lujuria entre bellas damas. Relatos eróticos 9

Relatos eróticos 9

Tan sólo dos brazadas las separaban del islote y el corazón de Álvaro latía con fuerza al imaginar el esperado e inminente encuentro: una tras otra, él saboreando sus pezones y ellas acariciando sus genitales “¡Mmmm!”, suspiraba sintiendo como le subía la excitación…

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Pero un estruendoso trueno interrumpió con brusquedad su fantasía y en un instante, el viento de tormenta convirtió las esponjosas nubes en espesos nubarrones. Álvaro se incorporó confundido por aquella inoportuna interrupción y bajando de la hamaca, se zambulló en la piscina. Nadó despacio, disfrutando de las caricias del agua templada en su miembro, imaginando que eran los dedos de sus damiselas los que provocaban aquella placentera erección.

Al llegar a la escalera, el cielo estaba gris y los focos de las paredes se habían encendido, iluminando la estancia con una tenue luz. Entonces, descubrió los murales. Se acercó a ellos, dejándose atrapar por eróticas escenas de lujuria en las que voluptuosos pechos y atrevidos penes protagonizaban orgías donde el sexo y el vino eran los protagonistas.

—¡Pero qué entorno más pecaminoso!— exclamó  pasando de un mural al otro; hasta que al llegar al último…Allí estaban sus bellas damas, contemplándole con lascivia y mostrándole, ahora sí, sus pechos. La piel blanca contrastaba con una oscura areola y unos gruesos pezones erectos pedían ser lamidos y succionados por su boca masculina; a cambio, sus miradas traviesas le prometían acariciar sus genitales con unos dedos hábiles y juguetones, ya inquietos por empezar.

Álvaro estaba fuera de sí, preso de una perversa enajenación. Cogió la copa de vino del suelo y la vació de un trago. Era como tener un harén pero sin derecho a roce, con aquellas féminas de generosas curvas, invitándolo a agarrarse a sus anchas caderas y a disfrutar de su tacto. Ellas estaban impacientes y empezaron unas a tocarse y otras a masturbarse entre ellas. Él ya no podía esperar más y con su capullo al aire se arrimó al mural, fregándolo con la vulva de una de ellas. La rugosidad del óleo le provocó un inesperado gemido y las compañeras le miraron con lujuria y a ella, con envidia. Era como un sueño hecho realidad, rodeado de bellas mujeres, deseado por todas y cada una de ellas,… ¿excepto por una?

Se distanció de la pintura y la miró con detenimiento. Fumaba impertérrita, indiferente a su masculinidad. Sus ojos grandes y almendrados lo miraban de reojo con lujuria, pero sin invitarle a nada. Sus pechos altivos y puntiagudos, realzados con certeros implantes, amenazaban en caso de ver peligrar los provocadores pezones que cobijaban. Él no podía quitarles ojo, al igual que tampoco podía dejar de mirar aquellos labios de relleno carnoso con los que acogía un delgado pitillo. Ella se dio cuenta, se deshizo del cigarrillo y exhaló el humo juntándolos y engrosándolos hasta casi rozar su sofisticada nariz respingona con el labio superior.

Álvaro quedó hipnotizado contemplando aquel gesto trivial que tantas veces había observado en otras féminas y que nunca había tenido el deseo de catar. Pero por una ilógica razón, en aquel momento deseaba más que nada compartirlo con ella y así se lo insinuó; más, a pesar de sus ruegos, ella le siguió ignorando.

“¿Cómo podía ser tan fría, cruel y egoísta, solo pensando en su pitillo? ¿No se daba cuenta de que la había escogido a ella cuando las demás se morían por estar conmigo?”, se preguntó desesperado.

Hecho una furia, volvió a aproximarse al mural, con su miembro fuera de sí, babeando; pero ella, ni se movió. Con un ataque de exasperada lujuria, Álvaro frotó su miembro con insistencia contra el lienzo, tanteando un clítoris inexistente. A ella no le disgustó, pero tampoco dijo nada y él lo consideró como un sí. Sabía que en el fondo deseaba ser poseída por su falo, al igual que sus compañeras que seguían masturbándose como único consuelo. Cerró los ojos y lamió la superficie en busca de sus pezones, y a pesar del gusto amargo, no le importó. Se dejó llevar por su delirio hasta que sus gritos de éxtasis acallaron la tormenta y saciaron su ansia.

Al abrir los ojos de nuevo, todo a su alrededor estaba en silencio y a oscuras. La lluvia había cesado y solo se oía su respiración entrecortada y el paso del agua de la piscina por el sumidero. Seguía de pie, esperando poderla ver de nuevo, observar su cara de éxtasis, decirle cuánto había disfrutado…Y al fin, un relámpago iluminó el mural en el que ella seguía, impertérrita, fumando con placer, el cigarrillo del minuto después.

9 comentarios de “Lujuria entre bellas damas. Relatos eróticos 9

  1. Hola Carme.
    En primer lugar felicitarte por tant extraordinario “mural” es precioso.
    Estoy convencida que no hay mejor fantasia sexual para un hombre, que ver a un grupo de bellas mujeras semi-desnudas, jugando con sus sexos y tocandose mutuamente, incitando con sus grandes pechos y unas generosas curvas, poder disponer de un “haren” particular y pensar que podria poseer a cada una de ellas y que sus cuerpos darian placer al suyo, unido a la calidez de la agua tibia, una larga abstinencia sexual y un exceso de vino, que enturbia la mente…………….. el placer esta servido.
    Un placer leer tus relatos. Un abrazo hermosa dama.

    • Querida Ester, el reto de que me dieran esta imágen para darle vida en forma de relato ha sido una experiencia interesante. Ahora estoy pendiente de que alguien me ilustre uno de mis relatos: “sexo in itinere”, para ser más concreta.
      Veo que el vino es uno de tus afrodisíacos y lo comparto. Supongo que este es uno de los motivos por el cual sale a menudo en mis cuentos. El deleite al saborearlo y sus efectos tan saludables a veces pueden hasta confundir, ¿verdad?
      Es curioso como un “harén” siempre es asignado a hombres ¿Te imaginas un harén para mujeres?
      A ver si algún día me dan esa otra imágen para hacer volar la imaginación.
      Gracias, Ester por estar aquí

  2. Ester y Carme, soy hombre y nunca he deseado un harén. Me gusta complacer a mi amante, y pienso que complacer a cinco es materialmente imposible para un mortal como yo.
    Prefiero gozar mutuamente con una buena amante, y una botella de buen vino.
    Aun así, felicidades Carme por tu fantasía sexual digna de una película de Lars Von Trier.

    • Querido Feri, veo que estás muy informado sobre películas y me estás dando una idea: abrir un apartado donde insertar algunos fragmentos de peliculas eróticas, y así poder ver también la evolución del erotismo a lo largo de los años ¿Qué te parece; te atreves a compartir?

    • ¿Manos a la obra, pues? Te cuento; de las dos opciones que has comentado, la de Lars Von Trier no la veo como algo atractivo pero quizás es porqué no he buscado lo suficiente ¿Tienes algun fragmento erótico? Abrazo

  3. Espero con ansia un relato donde la protagonista tenga un haren de hombres para ella sola, puede ser muy emocionante, ufff !!!!!
    Personalmente, es para hacer volar la inmaginación, porque en la realidad no me veo compartiendo un acto de amor, tan intimo y tan bonito, con tanta gente a mi alrededor, prefiero compartir el placer con la persona que quiero. 🙂
    Un abrazo hermosa dama.

    • ¿Te sirve un harén con dos hombres, querida Ester? A mí también me costaría mucho compartir algo tan íntimo y sensual con una multitud. Me da la sensación de que entonces el sexo se corrompe, se deteriora, se ensucia,…En definitiva, debería haber otra palabra para estas situaciones.
      Hablas de “querer” y eso son ya palabras mayores. Abrazo

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