Perdona, amo, por haber pecado. Relatos eróticos 29

Relatos eróticos 29

Relatos eróticos perdona amoSí, había tenido al mejor profesor y ella había sido una alumna aventajada, la más sumisa de todas pero, ahora…, ahora era ella quien los sodomizaba con una predilección especial por los cuellos de botella.
Nunca le había gustado la cerveza, pero cuando aterrizó en el aeropuerto de Cancún, sedienta y hambrienta, se dirigió al primer bar que encontró y pidió un chupito de tequila. Tras bebérselo de un trago, observó a una mujer del país de tetas dobladas y culo triplicado rodear con sus jugosos labios el borde voluptuoso de una botella, succionándolo, con la raja de lima en medio. Le pareció lo más sensual que había visto en mucho tiempo y mandó al camarero una para ella. Pagó y se llevó la Coronita al baño. Abrió uno de los compartimentos, se bajó las bragas, se sentó sobre la tapa del váter y apoyando la espalda en la pared abrió las piernas como si de una partera se tratara, metiendo el cuello de la botella en el suyo. Estaba mojada hasta arriba pensando en su amo, en cómo la violaba con lo primero que encontraba, en cómo abusaba de su agujero maldito sin ser capaz de devorarla con su hasta.

Sí, desde que había aterrizado en tierras mejicanas se había enamorado de aquella botella y de su pornográfico cuello. Era larga y esbelta y ellos se dejaban seducir por los bordes carnosos que los hacían dilatar hasta perder el oremus, la compostura y toda decencia humana. Era ese el instante en qué la bella y cruel sodomita aprovechaba para sodomizarlos con el redondeado y grueso cristal. Era ese el momento en que con sus machos bramidos de placer y dolor unidos le hacían vibrar los pechos de relleno XXL asfixiándolos con la cabeza entre ellos, presionándolos hasta notar cómo en el último suspiro le mojaban el canalillo, mezcla de saliva y lágrimas. Y entonces, cuando caían dormidos por el tequila y el orgasmo, los ataba, los amordazaba y les vendaba los ojos. No quería verlos, le daba igual cuál fuera su rostro porqué para ella solo había uno: el de su amo.
La droga que les administraba era cara pero infalible. Ella solo tenía que esperar a que el volumen de la verga creciera lo suficiente como para mantenerse tiesa y dejarse cabalgar por delante y por detrás, tantas veces como fuera necesario para desquitarse de la tortura que a ella la atormentaba, hasta caer exhausta al lado de su pasiva y desconocida víctima que de nada se había percatado y nada recordaría. Solo así, ella conseguía orgasmar.

Sí, se había convertido en una súcubo sadiana, que se alimentaba sexualmente de actos impuros, a la que no le había costado descubrir el acto de follar como medio para llenar con una polla la ausencia de su amo. Aunque, últimamente, le costaba cada vez más satisfacer las necesidades carnales. Casi no dormía y comía poco. Había adelgazado, aunque a ellos les gustaba así.
La resaca no le dejaba conciliar el sueño y dejó la cama y al joven que aquella mañana tenía a su lado. Seguía durmiendo, desnudo, con el pene en erección. No sabía ni su nombre. Tan solo era un espécimen bello y moreno, como la mayoría de los que acababan en su entrepierna conquistados por una perturbadora e inestable personalidad. No significaba nada para ella, al igual que el resto, pero los necesitaba para seguir viviendo y olvidar.

Sí, había creído que renunciando a su vida y volando lejos conseguiría liberarse de su amo. Pero por él se había dejado sodomizar cuerpo y mente hasta dejar de ser ella misma y de tener personalidad propia, y eso no era capaz de recuperarlo. No era un carajo sin él, sin sus órdenes, sin su mezquindad que había utilizado día tras día para esclavizarla y encadenarla. Se había acostumbrado a que sus dulces emanaciones le cubrieran el cuerpo día y noche, y sin ellas se sentía perdida.
Pero se había equivocado y ni la renuncia ni la distancia le habían servido de nada. Seguía encarcelada en una turbia bruma de pecado y de violación y solo había hallado una forma de compensar el destierro y de vengarse de su verdugo: ser ella la ama y ellos los esclavos de un esplendoroso cuerpo retocado y erogeneizado artificialmente para dar una apariencia de seductora zorra ávida de carroña, de vampiresa hambrienta de sangre, de diosa esperando el sacrificio de un macho como ofrenda.

Sí, por unos instantes estuvo tentada a volver a la cama y a ocultarse entre las sábanas para encontrar desasosiego en aquella verga joven y robusta. Pero no se podía permitir aquel tipo de sensiblerías y prefirió ir a lo seguro. Relatos eróticos pecado amoAbrió el congelador y sacó una botella helada que le salpicó de hielo los pies descalzos. El cosquilleo le hizo sonreír, aunque solo fue una mueca. Pocas cosas le hacían ya sonreír, y menos por la mañana.
Sacó el tapón de cristal y, a morro, bebió un sorbo del contenido. El tequila estaba frío pero le quemó al llegar a la garganta y después al llegar al estómago.
Se sentó en la hamaca, contemplando los restos de hielo que resbalaban por el cristal de la botella, derritiéndose bajo el tórrido calor de un verano huérfano de sentimientos. Debía evitar que el frío se evaporara del tequila como había hecho con su pasión. Bebió otro trago y volvió a admirar la botella, ahora ya casi transparente por la ausencia de escarcha. Le dolía la cabeza, como siempre, y cuatro botellas vacías y sucias en el suelo le delataron que la noche anterior se había excedido. Casi no recordaba nada, aunque diminutos granos de arena en el pubis atestiguaban un revolcón nocturno en la playa. No sabía por qué, se había habituado a este ritual antes de llevar su presa a la cama.
El sol empezó a brillar con fuerza, los ojos le escocían por la falta de sueño y el sudor empezó a resbalarle por la piel. Se acercó el helado cristal al escote, pero el tequila no apagó el fuego, al contrario, lo avivó al recordar sus actos de confesión con el capellán de su infancia.
—Ave María Purísima
—Sin pecado concebida.
—Amo, perdóname por haber pecado sin ti a mi lado…

27 comentarios de “Perdona, amo, por haber pecado. Relatos eróticos 29

  1. Hola Carme.
    No se expresar muy bien lo que he sentido al leer este relato. Seguro y de eso no me cabe la menor duda, que es un buen relato, pero personalmente, y como mujer, en ningún momento excitante.
    Leo rabia, impotencia, dolor, sumisión…….
    Mi bebida preferida es el vino, pero me encanta beber coronita (la única cerveza que bebo) directamente de la botella y con un tajo de limón en el cuello. Lo más probable, es que me venga a la cabeza el relató cuando deguste mi próxima coronita.
    Bonitas fotos.
    Abrazo de sábado bella dama.

    • Siento haberte ofendido, querida Ester, y por encima de todo, faltar a tu cerveza, pero has acertado.
      El relato está lleno de rabia y de venganza, algo que demasiado a menudo llevamos dentro y cuesta sacar sin hacer daño. Es lo que tiene escribir. Un acto egoísta e inesperado. Espero no haberte dañado y si es así, perdóname. Abrazo

      • Hola Carme.
        No me has ofendido y mi cerveza, dudo mucho que se sienta ofendida cuando note el calor y el sabor de mis labios en su cuello.
        En todos los relatos, hay una parte del escritor, y como muy bien has dicho, este está lleno de dolor y rabia.
        Ya sabes que te tengo en gran estima y apreció, por lo tanto, si en algún momento me he sentido mal, ha sido únicamente, porque tu estas mal.
        No pidas perdón bella dama, tus palabras siempre son sinceras y acertadas, estoy convencida, que nunca quieres ofenderme y aun menos dañarme.
        Siempre a tu lado bella dama.
        Un petó.

        • Ester, te agradezco tu preocupación pero la escritora, en este caso, no habla de ella, ni de su estado anímico, sino de lo que ve, oye y palpa muy de cerca.
          La musa va cambiando y evolucionando, al igual que nuestro aprendizaje en cualquier materia, y el sexo y la erótica son más que rutilantes.
          Abrazo, querida Ester y siempre sin ánimo de ofender.
          Este espacio es solo para disfrutar, gozar y aprender

          • Tienes razón Carme, el sexo y la erótica son más que rutilantes.
            Evidentemente, que la escritora nunca habla de ella, pero si que, lo que ve, oye y palpa, le afecta en su estado anímico y de ahí un relato duro.
            En este espacio, nuevo para mí, aprendo, gozo y disfruto.
            Besos.

  2. Entera sumisión a su amo. Horrible dependencia.
    Me cuesta entender el posible goce “follando” de esta maners.
    Respeto ese sexo, pero no lo comparto.
    Coincido de nuevo con Ester, y no es simplemente para complacerla.

    Con lo bello que es disfrutar de sexo compartido.

    • Voy a arriesgarme, Feri, al decir que TODOS en algún momento de nuestra vida hemos sufrido algún tipo de sumisión y que en el caso de las mujeres, esta ha sido sexual. Y no hace falta que sea física, la psicológica es tanto o más dañina
      Sinceramente, ¿eres capaz de decir que nunca has tenido a una mujer sometida y hasta haberte convertido en su amo?
      Demasiado a menudo, la belleza nada tiene que ver con el sexo compartido, aunque los hombres tenéis una visión muy distinta del escenario.
      Feliz tarde, Feri

    • Hola Feri.
      Sumisión, dependencia, nunca si anulamos la voluntat del otro.
      Consentido por ambas partes, todo es placer y el sexo es un alimento que necesitamos !!!!
      Besos……..

  3. Touché Carme
    Lo admito
    Pero nunca una sumisión física
    Y sin considerarlo sumisión, solo una situación de poder, pero sin hacer gala de ello.
    Mi partenaire lo desconocía

  4. Pues a mi, como hombre, me ha parecido un relato interesante y erótico, quizá con un erotismo ligeramente duro y fuerte, pero que en el fondo acaba expresando realidades que existen y que muchas personas tienen, que lógicamente, por ser intimas, desconocemos.

    • Bienvenido, César, en este espacio donde la pretensión es descubrirse y destaparse sin tapujos a través de la literatura y el erotismo. Coincido contigo. La vida es dura y el sexo forma parte de nuestro día a día. Quizás la vida sexual de cada uno es la parte que más ocultamos a los ojos del resto por vergüenza, por falta de costumbre, pero allí está. La Carme erótica no puede separarse de la Carme ingeniera ni de la Carme hija, amante o prevencionista. Somos un solo ser. Espero verte más a menudo, César. Abrazo

  5. Gracias, Carme, opor arrebatarme el sueño otra noche con un relato intenso y sexual, donde la sensualidad es un matiz, donde el hedor del sexo es el veradero perfume y el motor que nos mueve, que me hace permenecer despierte ensoñando que sueño con tus palabras hechas realidad y mi carne estremecida por el placer del éxtasis supremo.

    Tienes un estilo cada vez más maduro, cada vez más definido, donde la sensualidad y la sexualidad se conjugan en una bebida serbida en la misma copa a la espera de unos labios que la beba.

    Esta noche, han sidolos míos.

    Muchísimas gracias, Carme.

    Petons.

    • Robarte el sueño, inundarte de hedor y estremecer tu carne de placer, Javier, es mi recompensa viniendo de un depredador del sexo como tú. Ahora, soy yo la agredecida. Petons

  6. No creo que una sumisión se sufra , una sumisión se disfruta porqué así lo desea la persona sumisa , no hay que olvidar que sin sumis@s no habría am@s y que en realidad el poder absoluto en ese tipo de relaciones lo tiene el / la sumis@ que es quien pone a disposición del am@ su cuerpo y su mente porque así lo quiere y así lo desea .

    Un saludo.

    • Tras este presunto relato de BDSM, Alejandro, se esconde una crítica del esclavismo sexual al que algunas mujeres llegan pensando que con ello van a contentar al hombre que desean con locura dejándose someter a toda clase de abusos y maltratos físicos y psicológicos. En este caso, no hay un acuerdo voluntario por parte de la mujer sumisa. Interesante apunte, Alejandro. Abrazo y espero tener la oportunidad de que me ofrezcas más comentarios sobre este mundo de la Erótica

  7. Pingback: Mi fiel gigoló - Erótica Carme Barba

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  9. Ansias de esclavitud maltratata por la distancia. Los cinturones caen regalando algo tan bello, cercano y excitante como lo que apenas el recipiente del elixir deseado esconde.

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