Pecando en el camposanto. Relatos eróticos 22

 

Relatos eróticos 22                                                                                                    

Relatos eróticos pecado camposanto…/… Entonces lo vi: tejal, misal y sotana yaciendo en el suelo; su cuerpo en pie, joven, atlético, apenas castigado, tembloroso y, a su lado, la más bella mujer que nunca antes descubriera por mis ojos, tal pareciera en turcos mármoles esculpida, desnuda, como al mundo llegara y envuelta en una luz tan brillante que apenas pudiera en sus reflejos definir la silueta que su altivo pecho apuntaba desafiante hacia el del inexperto y nervioso mosén.

 

“Cuando empecé a leer este fragmento supe que tenía la necesidad de compartir a Juan Luis en este espacio pues aquí nos conocimos y aquí seguimos”.

Pecando en el Camposanto es uno de los capítulos de la novela “Momentos” que Juan Luis tiene pendiente de publicar. Licenciado en Ciencias de la Información y especializado en Periodismo ha trabajado desde 1992 como Jefe de Continuidad y Cierre en La Región S.A. Amante de la literatura erótica, en su día administró un blog en el que cada entrada la acabó convirtiendo en un capítulo de Momentos. Y a pesar de dejar atrás el espacio web sigue guardando su obra como un preciado legado y resume Momentos en una frase de intenso contenido:

Detrás de un Camino siempre hay algo que recordar”.

Así siente Juan Luis https://www.linkedin.com/profile/view?id=86811639&trk=nav_responsive_tab_profile

PECANDO EN EL CAMPOSANTO

En noches de agitados sueños he cientos de veces porfiado contra el recuerdo de aquella envuelta en tensa oscuridad y de lo que allí, sobre las ruinosas piedras de aquel camposanto, viera este cansado caminante. Noches agitadas en las que su rostro nunca dejara de aparecerse, clavándose en mí, recordándome todo lo que allí en aquella noche aconteciera. Todavía y aún ahora, me permitirán mi memoria sitúe a este peregrino allí, inmóvil ante lo que a sólo unos metros sucedía, a lo que aquellos dos jóvenes y bellísimos cuerpos se entregaban dentro del aquel desgastado cuartucho.

Ella, como dije, la más hermosa hembra que jamás vieran mis ya cansados ojos; él, un joven sacerdote, que tal me dijeron los hábitos que descansaban en el suelo mientras ambos se entregaban a goce y placeres envueltos en sudor y sexo. Oculto tras el tragaluz de aquel ruinoso barracón pude escuchar su alborotado respirar, oler sus cuerpos, ver cómo la dama arqueaba su espalda cuando el mosén la recorría con sus afilados dedos, como si un rayo fuera el que la atravesara de parte en parte; los vi –comprenderán en punto que notablemente excitado-, mientras suavemente depositaba ella el erecto bálano del su tonsurado amante entre los labios; furtivamente les admiré y vi recorrerse, morderse, arañarse en la explosión de sus activos instintos. Escuché sus jadeos, gemidos nerviosos e inexpertos los de él, jadeos lujuriosos y lascivos por parte de la dama que Relatos eróticos camposando pecandodesnuda pareciera más en alabastro envuelta que de terrenal carne y piel, cuando los fuertes brazos de aquel joven levantaron a la mujer y, juntos, traspasaron el umbral de la derruida estancia dedicada antes a la guarda de aperos e instrumentos, y convertida ahora en sagrado templo de placeres y pecado. Ante mí pasaron, casi pude tocarlos, llegando ante mis asombradas narices el fuerte olor que sus sexos desprendían al moverse, cerca, muy cerca, tanto que los ojos de aquella mujer que desde entonces aparece en cada una de mis noches se hicieron para mí soles de intenso fulgor; su mirada perdida, casi ausente, clavada en los atezados iris del que de tal forma la transportara. Les seguí con la mirada, aunque tal hubiera sido que cerrara los ojos y adivinara exactamente el punto en el que dieran rienda suelta a sus instintos, pues tan fuerte era el olor que me llegaba que ya mis viejas y gastadas calzas parecieran entonces más batalla entre ejércitos de insondable tamaño y prestas mis manos habían buscado en reiterada incursión dar sosiego al enhiesto y rebelde puntal de entre mis piernas. Delicadamente, como si de una flor se tratase, sus brazos la depositaron sobre una de las más antiguas sepulturas de aquel camposanto. Allí, sobre la estructura de la lápida que aún se mantenía en pie, separó ella las rodillas del joven para, despojándole de lo poco que de sagrado hábito aún sus vergüenzas ocultara, comenzar lenta y viperinamente a acariciar con lengua y entera boca el virgen miembro de aquel hombre. Proyectó ella al poco sus fuertes y jóvenes piernas sobre él y en abriéndolas dejole al alcance de bocarrostro el más delicioso manjar que nunca el cura aquel probara, regalándose el joven en el gozar de la hembra. Bajose al rato ella de nalgas para adentrar el ya imponente miembro del clérigo tan dentro de su abierta flor que del gemido que la bella dejó escapar de tan sensuales labios tal creí despertaran todas las ánimas del cementerio.

Relatos eróticos pecando camposantoLentamente primero, rápida y salvajemente al rato, la húmeda vaina de la hembra que con tal maestría cabalgara sobre aquel bendito subía y bajaba con la misma intensidad que mis manos se disparaban sobre mi sexo, a punto y en punto de explotar en lechoso y proyectado caudal. Noté mis jadeos, los suyos, mi respiración entrecortada, los gritos de placer de la dama, la expresión de dolor del iniciado al verse de tal forma violentado, sus gemidos de delicado y carnal goce después y al punto de descargar el jugo de su pecado sobre el ebúrneo y lascivo cuerpo de aquella escultural mujer, bebiendo ella después cada gota de aquel milagroso cáliz que del pecador saliera. Fue entonces y sólo entonces cuando, ella deshecha en el más intenso de los orgasmos y abrazada al cuerpo de su joven amante, los más finos y delicados ojos que jamás viera se clavaron en los míos, mientras su lengua recogía irreverente una lágrima que resbalaba por su muy delicada mejilla entremezclándose con lo que no hace mucho libara. Fue entonces y sólo entonces cuando reconocí en ella a la fascinante mujer a la que en otro tiempo me entregara, fue entonces cuando su olor llegó hasta mi altura con más fuerza e intensidad, cubriéndolo todo de su inconfundible esencia de jazmín…

 

21 comentarios de “Pecando en el camposanto. Relatos eróticos 22

  1. Qué decir cuando tu extrema generosidad y cercanía me deja sin casi palabras. Qué decir más que reiterar miles de gracias por permitirme formar parte de tu espacio, dar a conocer el texto y permanecer a tu cobijo mientras el tiempo pasa y tú, en la sombra de la más deliciosa silueta que con tu imagen adivino, permaneces.

    Mis besos y mi eterna gratitud.

    Siempre y por Siempre en Ti.

    Juan Luis

    • Espero no dejarte sin palabras, Juan Luis, porque tienes mucho que decir y además se te da bien.
      Creo que todo autor que ha creado una obra debe tener su oportunidad para darla a conocer y compartirla. Te aseguro que no me es fácil leer un relato que me atrape y en tu caso hay algo que me ha desorientado y he tenido la necesidad de agarrarlo y tenerlo aquí. Ojalá te llegue el éxito que mereces. Abrazo

  2. Una combinación lúgubre y morbosa, Juan Luis. La idea de tener sexo con un capellán y en un camposanto pone los pelos de punta y dispara el morbo a la vez. Un relato apasionado y frustrante. El declive de la vida ante la desvergüenza de la juventud y la osadía de pecar con y en un lugar sagrado. Te aseguro que no sé si sería capaz de hacerlo pero si así fuera, no me importaría desvirgar a un mosén y sentir el poder de Dios en todo mi ser. Lo he disfrutado y si el resto de tu obra es así, dímelo cuando la publiquen ¡Qué Dios te dé más y a mí también!

  3. Aún tremendamente abrumado y después de un día tramendamente largo y difícil, no puedo dejar de agradecer a Carme primero su infinita generosidad para conmigo y mis letras. Sin ella, probablemente, éstas permanecerían ocultas quien sabe por cuanto tiempo. Mis besos, cercanía y gratitud eterna.

    A los que ya habéis pasado por aquí, y a los que sé pasaréis los próximos días, gracias, gracias por vuestro tiempo y lectura.

    El resto Shanna ?? No es así… es mejor.

    Mis besos y gracios.

    • Shanna, encantada de tenerte por aquí.
      Realmente el tema y el estilo de Juan Luis no te dejan fría, ¿verdad? y encima te da ideas un poco macabras. Espero seguir viéndote por aquí. Abrazo

  4. Me gusta. La relación “prohibida” entre el inexperto clérigo y la bella lozana en un lugar santo, excita.
    El voyeur convulso por la situación y la belleza de la mujer, se muere de deseo decsustituir al cura.
    Lo prohibido, y con sexo, nos encanta.

    • No sé qué me excita más, querido Feri, si la inexperiencia del clérigo, el voyerismo del viejo, lo prohibido del lugar o el acto en un lugar público y al acecho de cualquier visitante del camposanto. Lo cierto es que la mezcla de ingredientes van subiendo el tono de erotismo a lo largo del relato. Es como preparar un suflé que va subiendo e hinchándose hasta que al final la pasta cede y se abre.

  5. Bueno, lo cierto es que no se si mi placer sería mayor con un mosén o con una monja. Ambos son “vírgenes”, llevan faldón y todavía se les puede convertir ¿Os imagináis el subidón de hacer cambiar de profesión a un clérigo por tu sexo?

      • Si me lo permites, Lletraferit: te imagino siendo tú el hombre luchando con los hábitos de la monja para poder ser el primero en gozar de su tesoro más preciado. Yo, mientras, os contemplo desde el cobertizo, tomando nota de sus vírgenes movimientos para ser tu próxima víctima en el camposanto. Espero que la imagen te acompañe esta noche

  6. Vaya, vaya, vaya… Felicito a Juan Luis pero ya. Buen texto, estupendamente escrito, con regusto clásico y elegancia en la descripción. No se puede pedir más.
    Lo dicho, mis felicitaciones.
    Gracias por la recomendación, Carme. A ver si me puedo pasar con más frecuencia por aquí.

  7. Con más que evidente retraso (mis disculpas por ello), vengo de nuevo al espacio que generosamente me brinda mi querida Carme, para agradecer y agradeceros lectura y comentarios al tiempo que compartir lo que Momentos en general y este capítulo en particular formaron y aún forman parte de mi particular Camino.

    Es Momentos, pues, experiencia vital aunque novelada al extremo, parte de un Camino aún abierto y por recorrer en el que en no pocas veces, el erotismo en cualquiera de sus niveles, desde el más sutil al brutalmente subyacente , emergen a poco que se profundice, siendo como tal parte de experiencia vital relatvamente reciente: Es Momentos mi única aventura en el reto de unir en volumen no publicado lo que en un determinado momento de andadura se abría a mis ojos, descarnado, plácido muchas veces y otras tan doloroso como arrebatador.

    Es Momentos, como acertadamente recoge Carme en su introducción, camino recorrido y, es, más incluso, Camino aún por recorrer. Es Momentos, en suma, parte de mí tan interior y adusta como es la vida en cada una de sus esquinas.

    Leo y releo los comentarios y, abrumado aún por ello, me pongo a vuestra entera disposición.

    Con mi agradecimiento, Siempre.

    Juan Luis.

    • Entre las entrañas de mi puro deseo… ¿No es así, Juan Luis?
      Ha sido un placer tener una breve pero intensa muestra de Momentos y deseo que sigas abriéndote paso en este camino lleno de obstáculos y de dolor cuando son las personas las que te hieren.
      El agradecimiento es mútuo, Juan Luis.

  8. Pingback: Sábado, sabadete en versión madura. Relatos eróticos 33

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.