Sábado, sabadete… en versión madura. Relatos eróticos 33

Relatos eróticos 33

Me daba pereza ducharme y lavarme el pelo para después desbaratarlo con el viento de vuelta a casa en bicicleta. Además, el vestuario del gimnasio no ofrecía la privacidad necesaria para llevar a cabo la ceremonia de femenina humectación corporal como era debido. Nada menos tentador que hidratarme el delicado contorno de ojos bajo una luz que en vez de atenuarme las arrugas añadía a mi rostro maduro unas ojeras inexistentes, todavía…

Relatos eróticos sábado“Pero bueno, ¿a quién quiero engañar si ya no tengo edad ni necesidad de ello? Luego, ¿por qué miento? ¿Me avergüenzo, quizás, de lo que realmente tira de mí el sábado por la mañana como un imán a su polo opuesto? ¿Tanto me cuesta confesar que ese es el día de la semana en el que me urge acariciarme con la destreza de una mano solitaria en la intimidad? Qué curioso, ahora que lo he dicho me siento más… ¿sincera conmigo misma? Y supongo que ahora vais a pensar que soy una exagerada viviendo como vivo en un pueblo costero de lo más liberal. Pues siento decepcionaros pero en realidad, todo es de boca no de mente en este lugar”.
Bolsa en mano me despido de mis colegas, me monto en la bici y con el culo pegado al sillín dejo que las ruedas se encarguen de transmitir todas y cada una de las rugosidades del asfalto a mi altar de ofrendas del sábado, saltándome semáforos en rojo y sorteando a los transeúntes de a pie, dejando más de un improperio en el aire tras de mí. Yo tampoco me quedo corta, aunque mi piropo verbenero no les llega. Sería inútil hacerles entender mi euforia a punto de caramelo cuando están demasiado atareados arrastrando bolsas de la compra, críos berreando, maridos sumisos o cabreados, según se mire, e ídem en versión femenina.
Pobres infelices, esclavos de las obligaciones familiares de ese magnífico día semifestivo, epílogo del ansiado viernes y preludio del venerado domingo. Uno de esos días que ya algún marchoso de “La Vie en Rouge” se encargó de marcar en el calendario como el día de la semana idóneo para estrenar y follar; aceptado para rasgar unas medias nuevas y para perder la virginidad en el primer bar, el norte en el segundo y el decoro en el tercero, para llevarse el arrepentimiento a rastras y soportarlo junto con la resaca del domingo.
Pero esa época de la adolescencia cruda y dura había quedado rezagada y superada, y con ella la necesidad de escoger pantis o medias ¿Para qué? Más práctico resultaba salir ligera de equipaje propiciando un cunnilingus del dedo gordo del pie bajo la mesa o una disimulada masturbación en la cola del cine… ¡Cómo habían cambiado los tiempos! ¿O quizás eran las costumbres y los hábitos los que se habían alterado? El hábito hace al monje, pero nada se dijo de la monja…
-¡Hola, ya estoy en casa! —exclamé para que él me oyera.
No esperé respuesta. Lo más seguro era que estuviera tomando el sol en la terraza. Le gustaba echarse desnudo sobre la hamaca, leyendo y acariciándose. A veces le contemplaba sin que se diera cuenta y más de una fotografía se escondía en la memoria de mi móvil.
Me desvestí sin prestar atención a las ventanas indiscretas de los vecinos y tiré la ropa sudada en el tambor de la lavadora, junto con las sábanas con huellas de un indiscreto orgasmo llamado en el silencio de la noche.
Descalza, me dirigí al baño y sin abrir la luz me incliné sobre la bañera boca abajo, dejando caer el chorro de agua sobre la melena. Cerré el grifo y esparcí el champú por el cabello, aspirando el afrodisíaco aroma de canela sobre el pelo. Y en esas estaba cuando noté las palmas de sus manos agarrándome los pechos.
Él estaba blando y yo seca pero era sábado, sin obligaciones, sin prisas, sin más deberes que dejarse llevar por la voracidad animal. Sentía el jabón resbalándome por el cuello y él recogiéndolo, untándome las tetas y haciéndome brincar los pezones.Relatos eróticos sábado sabadeteTuve que olvidarme del frotis craneal y apoyarme con las manos sobre el borde de la bañera, con las ubres colgando como una hembra vacuna y el clítoris cada vez más indisciplinado, esperando un puntal que su pene todavía no podía ofrecer. Notaba regarme los vírgenes surcos anales con un incipiente y tímido babeo y gemí, tal como a él le gustaba, tal como les gustaba a todos. Al contrario de la pobre vecina que, con asiento al otro lado de la pared, tenía el voyeurismo vetado y tan solo podía disfrutar de la acústica reverberante de las baldosas del baño.
La sombra de la verga colgando entre mis piernas fue convirtiéndose en la culata de un arma cargada a punto de disparar, con los vapores del rezume del prepucio alcanzando mis fosas nasales. Y yo, boca abajo, a merced del fauno que, por detrás, sábado tras sábado, me ponía a prueba intentando domarme, convencido de que, tarde o temprano, conseguiría un pase VIP para la entrada sagrada.
Un cambio inesperado de posición y pasó a sembrarme con saliva, esperando a que el jabón fuera bajando para untarme los labios, haciendo burbujear la vulva al fregarse con ella. Y, mientras yo le seguía olisqueando el apetito, él me incrustó el pene, altivo, en mi sonrisa vertical. Le di la bienvenida con una jolgoriosa carcajada y un sonoroso jadeo que retumbó de nuevo por las baldosas, acentuando la mueca horizontal de la pobre vecina.
Pero mi asiento sobre la repisa de la bañera era mínimo e inestable. En comparación, la taza del váter era un trono de patriarca y su majestad tuvo el bondadoso detalle de trasladar la sede del acto antes del apocalipsis final. Y así fue como la asimetría “vulviana” de un pie en el bidé y otro en el suelo provocó que el dispuesto capullo diera con lo más campanero de mi sexo. Ni la misa de las doce daba mejores campanadas que las que resonaron en el reducido espacio que cada uno usamos para aliviar nuestras necesidades más profanas.
Brotaron gemidos y aullaron alaridos y, un sábado más, las compuertas fueron abiertas para desalojar el exceso de fluidos y derramar la excitación en barbecho que con el tiempo se va acumulando y que, de vez en cuando, debe ser aliviado.

14 comentarios de “Sábado, sabadete… en versión madura. Relatos eróticos 33

  1. la ducha que en soledad relaja ,en compañía excita aún más ,como me gusta frotar mi pene intentando saciar el deseo más irrefrenable ,dejándome disfrutar de un cuerpo humedo cálido vivo sobre el que escribir mis más sexuales fantasías

    • Agua tibia, cosquilleo de burbujas jabonosas siguiendo la senda sagrada, roce tímido de los dedos sobre el vello, suave despertar de la libido, trompeteo del sexo, éxtasis entre mármoles y baldosas.

  2. Hola Carme.
    Un relato excelente. Me encanta como describes a los transeuntes, es una sensación que tengo muy a menudo cuando voy a la capital, gente cabreada, crios berreando, mucha gente y que poca comunicación.

    El baño, mi espacio, el altar para mi cuerpo y mi mente, el agua tibia xorreando por mi cuerpo, el olor a sales de baño, la unica luz de las velas, mis manos acariciando un cuerpo, maduro, pero aun esbelto y deseable, y mi mente, como siempre, traicionandome y llevandome por los caminos del placer y el extasis, como muy bien dices, para derramar los fluidos que se van acumulando y que hay que aliviar.
    Me gustan tus relatos bella dama, porque entre la realidad y la ficción, esta la vida, mi vida y me gusta tenerte en ella.
    Siempre a tu lado.
    Un petó Carme, ens retrobem l’any que be 😉

    • Compartir entre mujeres nuestras sensaciones, nuestros deseos, nuestras necesidades creo que es una asignatura pendiente que celebro haber podido rescatar en la madurez antes que en la vejez.
      Este desnudo que cuentas, Ester, de tu vida cotidiana, que parece que no tenga nada de especial pero que resulta vital para sentirse mujer, este alivio al desnudo del que a menudo nos tenemos que esconder, esa es la vida de la que hablas y de la que resulta tan agradable compartir, aunque para ello deba haber un relato de por medio como señuelo para abrirnos a la verdad.
      Fins l’any que ve, Ester. Un petó y gràcies per compartir amb mi aquest 2014 ple de confidències…

    • De eso se trata, Javier, de echar de nuestras vidas esta máscara de la rutina que si se cronifica puede ser mortal para nuestra libido. No hay peor desgracia que morir prematuramente… Petó

    • Adolescencia, pubertad, madurez, vejez… ¡qué más da el momento de tu vida en que descubras el erotismo, Rafael! Lo que importa es que lo sientas, que lo compartas con tu pareja, sea del sexo que sea, que lo goces, lo disfrutes, lo perfecciones, lo innoves… Y si hoy te apetece, no esperes al sábado, sería una pérdida imperdonable. Gracias a ti, fiera

  3. me estreno en tu web Carme y realmente no sabía que relato elegir para la ocasión, tantos titulares y todos atractivos…finalmente me decidí por este sabadete maduro.. desde luego transmites todo de una manera tan real! te veí en bici como tal gamberra en Verano azul, sentí la impotencia de la vecina que no podía ver, y mi miembro estaba duro y listo como si tuviera que participar…. una gran primera experiencia que seguro repetiré…espero que con el tiempo com más lectura y presencia y menos acción, aunque no sin…
    Un beso enorme y mil gracias por hacerme sentir..

    • Bienvenido, Rookie a este blog de sensaciones. Es normal que este relato te haya decidido a comentar pues creo que tanto género masculino como femenino puede sentirse identificado. Cada uno hemos optado por una vida sensual y sexual y entiendo que debería de estar acorde con las necesidades y pasiones. Por desgracia, la costumbre, las responsabilidades familiares y la monotonía acaban alterando nuestros deseos. De aquí provino este “latigazo” literario. No duele, pero si hacer reaccionar.
      Me da igual cómo me leas, siempre y cuando me transmitas tus sensaciones.
      Gracias por entrar y te invito a seguir, Rookie

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