Relatos-eróticos-perversión

La perversión de Príapo. Relatos eróticos 38

Él entró primero para cerciorarse de que no hubiera nadie, pero ella entró pisándole los talones, lo empotró contra la pila de los expedientes y lo morreó hasta dejarlo sin respiración. Él le abrió la camisa sacando unos pechos blancos y voluptuosos que estrujó con las manos como si quisiera sacar leche de las ubres. La muy guarra se había quitado antes el sujetador y seguro que también las bragas. Empezó a gemir ante las succiones que mi amo le daba a aquellos tetones mientras a mí me presionaba con un pubis puntiagudo insinuándome la raja donde pronto iba a sumergirme. Se me hacía la boca agua y no pude contener un incipiente goteo. Entre los dos me desnudaron y salí encabritada, acertando de pleno en un minguino húmedo y…

Relatos eróticos gigoló

Mi fiel gigoló. Relatos eróticos 36

Las bolas chinas complacen al igual que un gigoló: no preguntan, solo actúan… El agente clausuró el lavabo de mujeres y me señaló uno de los compartimientos. Manteniendo la puerta abierta, me ordenó que entrara, me bajara las braguitas y extrajera la mercancía. Sumisa, cumplí lo que me pedía. Me senté sobre la tapa del inodoro y retiré las bolas chinas del coño, entregándoselas. Mientras, él observó, atento, todos mis movimientos, se puso unos guantes de látex